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Al menos 26 personas han perdido la vida huyendo de los violentos ataques de las fuerzas de seguridad de Myanmar en el estado de Rajine, de mayoría musulmana.

Algunos de los muertos recibieron disparos de bala mientras huían desarmados ayer viernes de los soldados, según testigos presenciales.

Los actos violentos ocurrieron después de que un grupo armado desconocido atacara el domingo a varios agentes de policía fronteriza de Myanmar (Birmania), matando a nueve uniformados y haciéndose con decenas de armas y más de 10.000 cartuchos de munición.

 

Algunas autoridades birmanas afirman que el asalto coordinado de los hombres armados contra tres puestos de la policía en la fronteras de Bangladesh, fue obra de musulmanes rohingyas —una minoría religiosa que reside mayormente en Rajine—, mientras que otros culpan a grupos armados de Bangladesh.

Aunque se desconoce aún la identidad de los agresores, las tropas de seguridad birmanas han comenzado desde entonces asaltos diarios contra la discriminada comunidad musulmana rohingya.

Los enfrentamientos han incrementado el temor a que se repitan los disturbios de 2012, cuando extremistas budistas mataron a decenas de musulmanes rohingyas e incendiaron sus propiedades en el estado de Rajine, obligando a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares.

La Organización de las Naciones Unidas llamó el martes a la calma, después de que el Ejército birmano enviara tropas a Rajine. El organismo internacional instó a las autoridades a abstenerse de confrontaciones violentas que pongan en peligro la vida de la población civil.

La organización pro derechos humanos Fortify Rights ha dicho haber recibido informes de ejecuciones extrajudiciales en la agitada región de Rajine y ha pedido al Gobierno de Myanmar que "proteja a los civiles, independientemente de la religión o el origen étnico".

Aung San Suu Kyi, consejera de Estado de Myanmar y líder de facto del país asiático, ha declarado que su Gobierno está "haciendo respetar el Estado de derecho". La nobel de la Paz de 1991 ha sido criticada por grupos por derechos humanos por su postura discriminatoria contra los rohingyas.

La mayoría de los 1,1 millones de rohingyas es apátrida y vive en condiciones inhumanas en Rajine, donde cerca de 140 mil fueron desplazados el año pasado por enfrentamientos mortales con la mayoría budista del país.

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