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¿Cómo pueden reponerlo?
"Si no hay testigos y no es anunciado públicamente, entonces es inválido según todos los eruditos".

 




 
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El Islam estaba en América desde el siglo XI. Entrevista a Isabel Álvarez de Toledo. 2ª Parte

Equipo Vive Islam

¿Cuál fue la razón por la que decidió escribir este libro?

La idea de escribir el libro partió de una duda, como sucede con la mayoría de los trabajos de investigación. Pude comprobar que en 1463 Enrique IV hablaba de que se habían descubierto ciertas tierras y pesquerías desde el Cabo de Aguer, en Agadir, hasta el Cabo de Bojador, ambos situados al sur de Marruecos. Sin embargo, no es posible que aquellos territorios, que eran conocidos desde antiguo, pudieran ser los descubiertos. Esto se complicó al enumerar las riquezas que estas “nuevas tierras” contenían: “quintos de moros”, arriendo de pastos y “lo que en los dichos ríos y pesquerías se pescare”. Hace cinco mil años que por aquellos parajes no corre nada más que unos modestos arroyos invernales.

Así pues, esas tierras tenían que estar por fuerza en otra parte, así que empecé a consultar documentos y me encontré con que el río era navegado por barcos de cien toneladas, con lo cual era aún más imposible que esas tierras se encontraran en el territorio africano que hoy situamos entre el Cabo de Aguer y el de Bojador. Después me encuentro la referencia a Mazagán, lugar que se sitúa a doce leguas de la desembocadura. Y me voy al Atlas de todos los días y me encuentro a Mazagán a doce leguas de la desembocadura del Amazonas. Y me digo. Aquí está el río Aguer. Luego voy encontrando más cosas y así continúe con la investigación. Es obvio que se produjo una confusión entre los continentes africano y americano.

En su libro Ud. cita y reproduce gran cantidad de documentos procedentes de archivos oficiales y privados. Me gustaría que citara uno o dos documentos que hayan sido especialmente reveladores en este trabajo.

Puedo citar especialmente la carta y sobrecarta de Enrique IV, al que he hecho referencia antes y aquéllos que le siguen (vienen reproducidos en la página 417 y siguientes del libro). También desearía mencionar los documentos del Archivo de Simancas, que están firmados por Isabel La Católica y que están fechados el 30 de abril de 1492, la misma fecha en la que se supone que fueron firmadas las Capitulaciones de Santa Fe. (Uno de ellos está reproducido en el libro en la página 466 y siguientes).

¿Y qué conclusiones pueden desprenderse de toda esta documentación?

La conclusión se va viendo a través de la investigación que está reflejada en el libro. Citaré una anécdota simple. El múrice es una concha de la que se extrae la materia prima de la púrpura. El múrice puede encontrarse en Provenza y varias regiones del Mediterráneo, pero no el que produce precisamente el color púrpura. Los múrices que dan el púrpura están en el Caribe, en el Pacífico y en el Golfo de Panamá. Sin embargo, el múrice que da el púrpura aparece en un documento de aquella época. Luego está el caucho, planta que como es sabido es de origen americano. El caucho aparece en otro documento de 1491. Hay más ejemplos de esto.

Yo no afirmo ni niego nada. Llego a unas conclusiones, evidentemente. En las ciencias experimentales, y sin duda, la historia lo es, cuando se encuentra una evidencia respaldada con pruebas se puede criticar o no, pero si es, es. La historia maneja unas pruebas propias como son los documentos, y éstos permiten llegar a conclusiones ciertas.

¿Y respecto a la presencia musulmana en América?

El Islam estaba en América desde el siglo XI, por lo menos. En el documento que se encuentra en Simancas, fechado con anterioridad al “descubrimiento”, la Reina Católica manda crear una armada para ir a partes de África y Guinea a traerle oro, esclavos y manegueta, o sea pimienta. El pimiento, nadie ha discutido, y Fernández de Oviedo, gobernador de Castilla de Oro a principios del siglo XVI, confirma, haciendo incluso un dibujo de la planta, es una planta americana. Fernández de Oviedo dice también que los nativos llamaban al cacique queví, en árabe quiere decir “grande” y rezaban en “mezquitas”. Los cronistas de Tierra Firme usan el término xeque en lugar de “cacique”. Por otro lado, en las reales instrucciones del 14 de febrero de 1502 el propio Colón se hace eco de la petición para llevar a una o dos personas que supieran árabe, en el que iba a ser su cuarto viaje.

También está documentado que Juan Castellanos, en Venezuela, peleó contra, citamos textualmente, “seguidores de la secta de Mahoma”. A ello hay que añadir que Carlos V prohibió en una provisión de 1540 que se hicieran cautivos a los musulmanes naturales, que hubieran dado vasallaje a las coronas de Castilla o Portugal, reservando la esclavitud a los que hiciesen proselitismo, desobedeciesen o fueran vasallos del Sherife (de Marruecos).

En Colombia existe una población, Cartago, que no ha perdido su nombre. Cartago era, como es sabido, una ciudad situada en el actual Túnez que fue islamizada en el siglo VII. Además, en su entorno aparecen topónimos que difícilmente pudo imaginar un castellano descubridor en el siglo XVI: Antioquía, Palmira, Armenia y Susa. Hay muchas otras pruebas que demuestran la existencia de una presencia de los musulmanes en América antes de Colón. No cabe duda de que el Islam estaba allí. El propio rey de Portugal admite en su conquista el poder del Sherife de Marruecos en América.

¿Por qué se ha negado esta realidad? ¿Por la negativa a reconocer la influencia islámica?

Probablemente, y además por la negativa a aceptar que en la Edad Media los españoles no estaban tan vinculados al catolicismo como se quiere hacer creer. Si cogemos los documentos de la Edad Media vemos que esto no era así. Había muchos conversos forzosos, que eran en realidad musulmanes o judíos ocultos. En 1465, Enrique IV, que acababa de tener una pequeña guerra, dicta una sentencia que supuso por primera vez una modificación del fuero ordenando que musulmanes y judíos fueran recluidos en guetos, llevasen señales en sus ropas, abandonasen sus oficios, y que se hiciese inquisición contra los conversos que no viviesen como cristianos. El resultado fue que las Cortes usaron por última vez el derecho de auto convocarse. Se reunieron en Ávila y en julio destronan a Enrique y pusieron en su lugar a su hermano, Alfonso XII, rey que por cierto ha sido borrado de la Historia.

¿Qué dificultades ha tenido para llevar a cabo esta investigación?

En un primer momento ninguna. Trabajé en los archivos de Simancas, en el de Indias y en el de Toledo. Tuve que esperar bastante por algunas partidas, pero al final llegaron. Otros tres o cuatro documentos del Archivo de Simancas no me llegaron, pero no importa. Me pude arreglar sin ellos. Pude comprobar que algunos documentos que se daban por perdidos están catalogados. Otros documentos, que eran iguales, tenían el mismo número, concretamente uno que hacía referencia a Colón. Curiosamente, en él hay una anotación: “Ojo, cuidado” escrita en él. Pude también conseguir algunos documentos a través de otros investigadores. En este momento si pido algún documento a Simancas u otro archivo nacional, no me lo facilitan, e incluso me ponen pegas para la entrada. He recibido después algunas amenazas, pero eso no me ha impedido seguir adelante.

Luego vinieron las dificultades para la publicación. Si la editorial de la Junta Islámica no me hubiese publicado el libro, éste probablemente no hubiera visto la luz. Posteriormente, ha habido intentos de tergiversar lo que digo en este libro, rumores que ponen en mi boca cosas que no he dicho, notas de prensa difamatorias. A ellos les preguntaría por qué no continúan esta investigación y si quieren refutarme, que encuentren documentos que prueben lo contrario. Así podríamos contribuir al esclarecimiento de la verdad y al levantamiento de ese edificio de la ciencia histórica.

¿Resulta raro que un libro de estas características no despertara el interés de las editoriales?

La censura en las editoriales españolas es brutal. Yo he tenido que retirar un libro de Martínez Roca, después de haberse anunciado ya una fecha para su publicación, porque me habían cortado medio libro.

Y en lo que respecta a su propio archivo, uno de los mejores de España, ¿ha tenido problemas?

En lo que se refiere a mi archivo, me lo han querido quitar, me lo han querido estropear; el Estado quiere comprármelo para meterlo en Toledo, donde como es sabido sólo se pueden pedir los documentos que están catalogados a través de fotocopia, lo cual impide encontrar los documentos que se quieran ocultar.

¿Cómo es posible que toda esta documentación que existe en los archivos españoles, y que se salvó de la destrucción, no haya sido difundida públicamente o servido para elaborar otras investigaciones en todo este tiempo? ¿Cree Ud. que existe interés en mantener una serie de mitos históricos tales como el Descubrimiento o la Reconquista con fines políticos?

Bueno, esta documentación ha sido revisada por alguien como muestra la anotación “Ojo cuidado” en un documento, que he reproducido íntegro en el libro. Podía haber reproducido el otro documento idéntico pero quise que la gente supiera este hecho. En realidad no he descubierto nada. Todo estaba allí. Simplemente he tirado de la manta. Sin embargo, queda mucho por investigar. Yo no he utilizado más que aproximadamente un 50% de la documentación que me ha llegado, pero existe más en Inglaterra, en Portugal, en los países nórdicos, en Italia. Hay todavía mucho que hacer para poner la historia en su sitio. Así entenderemos mucho mejor nuestro pasado y, por extensión, nuestro presente, que buena falta nos hace. La historia de España oficial que se ha enseñado durante siglos es una pura falacia. Está hoy documentado que los Reyes Católicos corrigieron las crónicas que existían sobre los reyes anteriores y a uno de los que se “cargan” es a Navarrete. Felipe II hizo lo propio. Y creo que esto ha llegado hasta hoy. Precisamente ahora acaban de publicar un libro, del que sí ha hablado toda la prensa, rehabilitando a Alfonso VI de la sospecha del asesinato de su hermano Sancho, cuando lo más normal en aquella época era que los hermanos se matasen entre sí para evitar el tener que repartirse el reino unos con otros. Ese intento de “rehabilitar” a Alfonso VI es una cosa de locos, pero habría que preguntarles a ellos por qué les ha entrado esa locura.

Carlos V hizo lo mismo también en 1536 con los mapas. Había una razón para eso. En aquel momento estaba teniendo lugar la Reforma Protestante y se había perdido una gran parte del miedo que existía hacia la Iglesia Católica. Entonces al no respetar los estados los compromisos patrocinados por la Iglesia, que había dividido los dominios de América entre las coronas española y portuguesa, el único argumento que les queda a éstas para quedarse con el oro americano es la fuerza moral que les otorgaba el descubrimiento, y por eso era preciso borrar cualquier huella que existiera anteriormente que contradijera esa versión.

Resulta de todos modos escandaloso que esta política de ocultamiento de la verdad histórica oficial continúe existiendo todavía hoy. Por ejemplo, en Estados Unidos son desclasificados incluso documentos que afectan a la historia muy reciente.

Estados Unidos, el país de Washington, Jefferson etc., ha sido otra cosa. No se puede comparar. Le pondré un ejemplo. A mí, como presidenta del archivo de Medina Sidonia, se me trajo un escrito para que lo firmase. En ese escrito se decía que me comprometía a no exhibir ningún documento que fuese contra la reputación, buen nombre o fama de las personas. Se me pusieron los ojos como bolas y pregunté:

-           “¿Esto se referirá a los 50 años pasados, verdad? Sobre esto en el archivo de Medina Sidonia no hay nada”.

Se me respondió:

-          “No, se refiere a cualquier cosa que atente contra el buen nombre de España, de los reyes y tal”.

Yo contesté:

-          “¿Incluyendo a Mauregato?”.

Éste era alguien que había matado a todos sus hermanos como era la costumbre en esa época. Me negué a firmar. Y ésta es una de las causas de los problemas que ha tenido la Fundación de Medina Sidonia.

¿Quién le presentó ese documento?

La Junta de Andalucía, más concretamente la encargada de Archivos y Bibliotecas. Me he quedado con una copia del documento que me presentó para firmar. Ese documento está firmado en todos los archivos nacionales por todos los directores. 

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