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 Entonces, ¿por qué la Shahada no es una “varita mágica”?

Bien, ahora sí, unamos todo lo anterior. Una varita mágica, decíamos, es un objeto que supuestamente tiene poderes para transformar, aparecer y desaparecer cosas, y la Shahada es la declaración de fe y la puerta de ingreso al Islam. Algunas personas piensan que la Shahada hace desaparecer mágicamente todos sus vicios, sus debilidades, sus malas costumbres. Pero el asunto no es así, y aquí hay que hacer una aclaración.

Dios le ordenó al Profeta Muhammad que les informara a los incrédulos que, si abrazaban el Islam, todo lo que habían hecho antes les seria perdonado: 

{Diles a los que se niegan a creer que si desisten [y abrazan el Islam] les será perdonado cuanto cometieron en el pasado} [Corán 8:38].

También, está registrado en un hadiz recopilado por Múslim, que el Profeta Muhammad dijo: “El Islam anula todo lo que hubo antes de él”. Y hay otro hadiz en Múslim que dice lo mismo de manera más amplia.

Esto significa que la Shahada hecha con sinceridad borra todos nuestros pecados anteriores, o más exactamente, que cuando hacemos la Shahada con sinceridad para aceptar y abrazar el Islam, Dios nos perdona todos los errores que cometimos cuando no éramos musulmanes. Quien se hace musulmán, abrazando el Islam de corazón, al momento de hacer su Shahada queda como un recién nacido, y su misión es comenzar a llenar el registro de sus obras, que ahora está en blanco, con buenas obras.

Pero una cosa es que Dios, en Su Gran Misericordia, nos perdone todas nuestras faltas cuando nos islamizamos, y otra cosa es creer que algo o alguien baja del cielo, como una varita mágica, nos toca y ¡zas!, ¡kabum!, ¡zambomba! Listo, ya eres otra persona, libre de todo aquello que te ataba en tu vida anterior. No, como ya les dije, la magia es un engaño.

La fe no es algo que nos caiga del cielo. Allah, Glorificado sea, nos ha guiado al Islam, Él nos ha regalado Su guía y nos ha mostrado el camino de la verdad, y aparte de eso, nos ha hecho borrón y cuenta nueva para que comencemos a transitar ese camino recto a partir de cero. ¿No es suficiente eso?. No podemos esperar que Dios lo haga todo por nosotros, mientras vamos en coche. No, tenemos que trabajar, estudiar, esforzarnos, comprometernos con Dios y con Su Profeta , no podemos ser negligentes ni mediocres.

Allah nos dice en Corán 28:56: {Dios guía a quien Él quiere}.

Esta aleya le fue revelada al Profeta Muhammad en relación a su tío Abu Tálib, a quien invitó durante años al Islam, incluso en su lecho de muerte le pidió que hiciera la Shahada, pero su tío murió siendo pagano. Así que Allah le reveló esta aleya donde nos dice que nadie, ni aún el Profeta , puede guiar a alguien al Islam, ni siquiera a sus seres más amados. Es Él, Glorificado sea, Quien pone el Islam en el corazón de una persona.

Entonces, el Islam es un regalo de Dios, y cuando hacemos la Shahada, lo que estamos haciendo es aceptando ese regalo que Dios nos ofrece, aunque no lo merezcamos. Este regalo, este don inmerecido, implica una responsabilidad. Dios nos dice en Corán 2:152: {Recuérdenme que Yo los recordaré; agradézcanme y no sean ingratos}.

La forma de recordar y agradecer a Dios es poniendo en práctica el regalo que nos ha dado, el Islam.

El Islam es una forma de vida holística, pensada para el individuo y para la sociedad, un sistema social, económico, político, religioso, moral, ético y ambientalista completo que desarrolló la gran civilización islámica, que fue la luz del mundo durante un milenio. Toda la medicina medieval europea se alimentó de la medicina islámica, el Renacimiento y la Ilustración fueron posibles gracias al conocimiento recopilado y desarrollado por los musulmanes, y todavía hoy muchos de los adelantos tecnológicos que disfrutamos tienen sus orígenes en inventos musulmanes que cambiaron el curso de la historia. En la sociedad islámica medieval, los judíos tuvieron el máximo desarrollo de su cultura, fue su época dorada. Los cristianos no católicos que eran expulsados de Europa junto con los judíos y los gitanos, hallaron refugio en tierras del Islam, donde podían practicar libremente su religión. Todo esto fue posible al poner en práctica el Islam. Es decir, el Islam es una forma de vida que beneficia no solo a los musulmanes, sino también a los no musulmanes. En la medida en que nos esforcemos por poner en práctica el Islam, no solo estaremos fortaleciendo nuestra fe, nuestra conexión directa con Dios, sino que también estaremos beneficiando a quienes están a nuestro alrededor, y esa es la mejor forma de dawa (invitación al Islam) que existe.

Pero poner en práctica el Islam no es algo que ocurra mágicamente de la noche a la mañana. Y aquí retomamos el tema: Para poder poner en práctica esa forma de vida holística y beneficiarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno con ella, tenemos que esforzarnos por estudiarla, entenderla y llevarla a la práctica en cada aspecto de nuestra existencia. Tenemos que luchar por pasar del Islam al Imán y por alcanzar el Ihsán, con la ayuda de Allah, Glorificado sea. Eso requiere dedicación, constancia, compromiso, valor, continuidad, perseverancia, virtudes que el Islam nos ayuda a desarrollar y que nos mejoran como personas y mejoran nuestras sociedades.

Entonces, no podemos esperar que algo o alguien venga y nos toque con su “varita mágica”, transformándonos en personas nuevas. Allah nos da la oportunidad de convertirnos nosotros mismos en personas nuevas; y para eso nos da Su guía, nos pone en el camino recto, nos perdona todas nuestras faltas y nos acompaña en nuestro transitar. Y aparte de eso, nos envió a Su Mensajero Muhammad de quien tenemos el registro biográfico más completo, detallado y autenticado que exista de persona alguna en la historia, y cuya vida nos sirve de ejemplo a seguir. Pero somos nosotros los que tenemos que luchar contra nuestros vicios, falsas creencias, malas costumbres y hábitos, y con todo aquello que cargamos de nuestra vida pasada, para dejarlo atrás y forjarnos como personas de fe, como verdaderos creyentes. La ventaja es que, si somos sinceros en nuestro esfuerzo, Allah nos ayudará, nos facilitará las cosas, y siempre podemos acudir a Él en busca de ayuda y guía. De hecho, todos los días en nuestras oraciones repetimos: 

{Solo a Ti te adoramos y solo de Ti imploramos ayuda. ¡Guíanos por el camino recto!} [Corán 1:5-6)].

Si la Shahada no nos transforma mágicamente, ¿qué podemos esperar de nosotros mismos al hacernos musulmanes?

Para el Islam, la responsabilidad es esencial al ser humano, ya que Dios nos creó y nos dio libre albedrío, es decir, la capacidad de decidir. La libertad de tomar decisiones conlleva responsabilidad, es decir, debido a que decidimos, somos responsables de las decisiones que tomamos. Ser responsables significa que tenemos que rendir cuentas por lo que hacemos, y eso es algo que Dios nos dice en repetidas ocasiones en el Corán, por ejemplo: 

{De Dios provenimos, y a Él retornaremos [para que nos juzgue por nuestras acciones]} [Corán 2:156]; 

{Y ante Él compareceremos [para que nos juzgue por nuestras acciones]} [Corán 5:18].

Por ello, debemos responsabilizarnos por nuestras acciones y nuestras palabras, siendo conscientes de que todo lo que hacemos y decimos tiene consecuencias en esta vida y en la otra, y rendiremos cuentas ante Dios por todo ello. Eso es lo primero que debemos esperar de nosotros mismos al islamizarnos.

No podemos esperar que nuestros vicios y malos hábitos desaparezcan mágicamente al hacer la Shahada. Tampoco podemos esperar que, de la noche a la mañana, nos caiga el cielo todo el conocimiento sobre lo lícito y lo ilícito, y que lo pongamos en práctica así, sin más. Lo que sí podemos esperar de nosotros mismos, y que debe ser nuestro compromiso, es un esfuerzo continuado, decidido, por hacer el bien, prohibir el mal y alejarnos de todo lo malo. Una batalla diaria, permanente, sin fisuras, por abandonar nuestros vicios y cambiarlos por buenas obras; por dejar nuestros malos modales y cambiarlos por los modales que nos enseñó el Profeta ; por alejarnos de los ambientes y personas que nos incitan a volver a nuestras prácticas pasadas, y acercarnos a los creyentes. Esa lucha nunca acaba, es lo que se denomina yihad an nafs: el esfuerzo permanente por dejar atrás los egos, bajos instintos, vicios, malos hábitos, creencias erróneas, y por obedecer a Allah y a Su Profeta .

Hiciste la Shahada. La Shahada no es una varita mágica que te toca y te convierte en un santo; pero te da la oportunidad y las herramientas para llegar a ser una persona muy cercana a Dios.

¿Qué es lo más difícil del “proceso de islamización”?

Eso depende de cada quien. Para algunos lo más difícil es dejar el alcohol, para otros dejar las mujeres, para otros acostumbrarse a rezar cinco veces al día. Para algunas personas, lo difícil es todo lo anterior más otras 50 cosas aún más difíciles que esas. Nadie ha dicho que sea fácil. Sin embargo, con la ayuda de Dios y con nuestro compromiso y nuestro esfuerzo, podemos llegar a ser verdaderos creyentes. No es algo imposible, porque Dios no nos pide imposibles, Él ha diseñado el Islam como la forma de vida ideal para el ser humano, y envió profetas que eran seres humanos para que nos demostraran, con su ejemplo de vida, que un humano sí puede vivir como Dios ordena.

Lo importante es que la misericordia (rahma) de Allah no sea excusa para nuestra negligencia. Es decir, Allah no te exige que te vuelvas un creyente verdadero en un tiempo determinado, digamos una semana, un mes o un año. Pero sí que, a tu propio ritmo, lo hagas en el menor tiempo que te sea posible. Es decir, el hecho de que no tengas un tiempo límite, no te excusa de hacer tu mejor esfuerzo para lograrlo con prontitud.

 

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