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El Antiguo Testamento, en varios pasajes, ordena un trato cariñoso y considerado hacia los padres y condena a aquéllos que los deshonran. Por ejemplo:
 

"Si alguien maldice a su padre o a su madre, debe ser condenado a muerte"   (Lev. 20:9)  

 y                                                                                                               

"Un hombre sabio procura la alegría de su padre, pero un hombre necio desprecia a su madre" (Proverbios 15:20)

Aunque honrar solamente al padre se menciona en algunos lugares, como por ejemplo:"Un hombre sabio obedece las instrucciones de su padre" (Proverbios 13:1), nunca se menciona sólo a la madre. Es más, no se hace hincapié en el trato amable a la madre como muestra de cariño por su sacrificio y sufrimiento al parir y amamantar. Además, las madres no heredan nada de sus hijos, mientras que los padres sí lo hacen. 42

Es difícil referirse al Nuevo Testamento como una escritura que recomiende honrar a la madre. Por el contrario, uno tiene la impresión de que el Nuevo Testamento considera el trato amable hacia las madres como un impedimento en el camino hacia Dios. Según el Nuevo Testamento, uno no puede llegar a ser un buen cristiano, digno de convertirse en discípulo de Cristo, a menos que odie a su madre. Se atribuye a Jesús el haber dicho:
"Cualquiera que venga a mí y no odie a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas –sí, incluso a su propia vida–; no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:26)

Además, el Nuevo Testamento nos muestra a un Jesús indiferente e incluso irrespetuoso hacia su madre. Por ejemplo, cuando ella fue a buscarlo mientras predicaba a una multitud, él no acudió para recibirla:

"Entonces llegaron la madre de Jesús y sus hermanos. Mientras esperaban de pie afuera, mandaron a algunos para llamarlo. Había una muchedumbre de gente sentada alrededor de él y ellos le dijeron, 'Tu madre y tus hermanos están ahí afuera buscándote'. ' ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?' les preguntó él. ¡Entonces él miró a aquéllos que estaban sentados en círculo a su alrededor y dijo, 'Aquí están mi madre y mis hermanos! Cualquiera que cumple la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre '." (Marcos 3:31-35)

Se podría justificar el pasaje argumentando que Jesús estaba tratando de enseñar a los que le escuchaban la profunda lección de que los lazos religiosos no son menos importantes que los familiares. Sin embargo, él podría haber enseñado a sus oyentes la misma lección sin mostrar una indiferencia tan absoluta hacia su madre. La misma actitud irrespetuosa se describe cuando él se negó a apoyar una declaración hecha por una mujer de entre el público que bendijo a su madre por haberle dado a luz y alimentado:

"Como Jesús estaba diciendo estas cosas, una mujer salió de entre la muchedumbre reunida y le dijo, 'Bendita sea la madre que te dió a luz y te alimentó.' Él contestó, 'Bendice más bien a aquéllos que escuchan la palabra de Dios y la obedecen'." (Lucas 11:27-28)

Si una madre de la categoría de la virgen María era tratada con tal descortesía, como describe el Nuevo Testamento, por un hijo de la talla de Jesucristo, entonces ¿cómo debe ser tratada una madre cristiana común y corriente por sus hijos cristianos?

En el Islam, el honor, el respeto y la estima inherentes a la maternidad no tienen comparación. El Corán coloca la bondad hacia los padres, como segunda cosa en importancia después de rendir culto a Dios Todopoderoso:
 

“ Pues tu Sustentador ha ordenado que no adoréis a nada excepto a Él. Y haced el bien a [vuestros] padres. Si a uno de ellos, o a ambos, le llega la vejez estando contigo, jamás les digas “¡Uf!”  Ni les riñas, sino háblales [siempre] con respeto, (24) y extiende sobre ellos con humildad las alas de tu benevolencia, y di: ¡Oh Sustentador mío! ¡Apiádate de ellos, como ellos cuidaron de mí y me educaron siendo niño!”  (Corán, 17:23-24)

En diversos lugares el Corán hace especial hincapié en el gran papel de la madre que da a luz y alimenta:
 

"Y [Dios dice:] 'Hemos ordenado al hombre el trato bondadoso a sus padres: su madre le llevó soportando fatiga tras fatiga, y dos años duró su completa dependencia de ella: 14 [así pues, Oh hombre,] sé agradecido conmigo y con tus padres, [y recuerda que] hacia Mí es el retorno.

(15) "'[Venera a tus padres;] pero si se empeñan en hacer que atribuyas divinidad, junto conmigo, a algo que tu mente no puede aceptar [como divino] ,16 no les obedezcas; pero [aún así] acompáñales de forma honorable en esta vida, y sigue el camino de los que se vuelven a Mí. Al final, a Mí habréis de retornar todos; y entonces Yo os haré entender [realmente] todo lo que hacíais [en vida].'   (Corán, 31:14-15)

La situación privilegiada de las madres en el Islam ha sido descrita elocuentemente por el Profeta Muhammad - la Paz y las bendiciones de Allah sean con él:
 

“¿Quién tiene más derecho a ser tratado con la mejor cortesía y el mejor respeto?”, y el profeta dijo: “Tu madre”, el hombre preguntó: “¿Y quién después?”, “Tu madre”, respondió otra vez el profeta. De nuevo el hombre preguntó: “¿Y quién sigue?”, el Profeta le volvió a contestar: “Tu madre”. El hombre preguntó por cuarta vez: "¿Y quién después?”, el Profeta le contestó: "Tu padre. (Bujari y Muslim)

El Profeta Muhammad - la Paz y las bendiciones de Allah sean con él - dijo también: “El paraíso está debajo de los pies de las madres”.

Entre los pocos mandatos del Islam que los musulmanes observan todavía fielmente en nuestro tiempo está el tratamiento considerado hacia las madres. Las atenciones que las madres musulmanas reciben de sus hijos e hijas son ejemplares. Las relaciones intensamente cálidas entre las madres musulmanas y sus hijos así como el respeto profundo con el que normalmente se acercan los hombres musulmanes a sus madres, asombran a los occidentales.

 

Tomado de: Islamyciencia

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