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Abu Talha Al Ansari era uno de los hombres más ricos y honorables de Medina. Cuando llegó a sus oídos la noticia de la muerte del marido de Umm Sulaim fue hacia ella para pedir su mano en matrimonio, muy seguro de sí mismo y esperando una respuesta positiva, pero lo que escuchó le dejó perplejo y contrariado:

  • “¡Oh Abu Talha!, ciertamente, un hombre como tú no es digno de ser rechazado; pero tú eres un adorador de ídolos y yo soy una mujer musulmana. No es lícito que me case contigo”.

Abu Talha no terminaba de creerse lo que acababa de oír, era impensable para él ser rechazado pues reunía todas las características que las mujeres buscaban en un hombre y mucho menos, no podía imaginarse el hecho de que dicho rechazo provenga de una mujer viuda con un hijo a cargo en medio de una sociedad polígama la cual no valoraba debidamente a la mujer; pero la fuerza de la fe va más allá de toda costumbre y prejuicio, otorgándole a todo aquel que se aferre a ella una personalidad firme y un honor infranqueable.

Pero Abu Talha no estaba dispuesto a rendirse y lo que en otra situación hubiese supuesto un arrebato de orgullo varonil y tribal, en esta ocasión supuso para él un punto de inflexión y le hizo recapacitar el comportamiento de Umm Sulaim y su admirable personalidad.                                          

Así pues, volvió a presentarse ante ella con una oferta, según él, irresistible y difícil de rechazar, diciéndole:

  • “Quizás esta sea la mayor oportunidad de tu vida”.

Ella le preguntó:

  • “¿A qué oportunidad te refieres?”

Y él le respondió:

  • “Al amarillo y al blanco” (en referencia a una dote de mucho oro y plata).

Entonces ella le dijo:

  • “No quiero ni amarillo ni blanco; quiero que te hagas musulmán. Si abrazas el Islam, esa será mi dote y no te pediré nada más”.

 

Más allá de todo lo que él conocía, más allá de todo aquello que su entendimiento podía abarcar, la respuesta de Umm Sulaim fue como una flecha que alcanzó lo más profundo del corazón de Abu Talha y fue definitiva para hacerle darse cuenta de que el Islam iba más allá de lo que él pensaba a través de lo que le habían informado aquellos que lo odiaban y combatían simplemente porque eran esclavos de sus deseos y pasiones. 

Después de haberse tomado un tiempo para meditar profundamente la cuestión, Abu Talha le dijo a Umm Sulaim:

  • “¿Y quién puede ayudarme a hacerme musulmán?”

Ella respondió:

  • “El Mensajero de Allah ﷺ, te ayudará”.

Así fue que Abu Talha fue a buscar al Mensajero de Allah , quien estaba sentado con sus compañeros.

Cuando el Mensajero de Allah , lo vio venir, dijo:

  • “Abu Talha viene a vosotros con la luz del Islam brillando en su frente”.

 

Este fue uno de los milagros del Mensajero de Allah , pues supo que Abu Talha venía a abrazar el Islam antes de que este hablara.

Después de haber abrazado el Islam, Abu Talha le contó al Mensajero de Allah , lo que Umm Sulaim le había dicho y entonces él se casó con ella sobre esa base.

 Zabit (Zabit Al Banani, uno de los que transmiten el relato de Anas) dijo:

  • “Nunca supimos de una dote más bendita que esta; ella aceptó su Islam como dote”.

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