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El  matrimonio se llevó a cabo en el palacio del Negus (An-Nayashi). En  dicho palacio, ubicado sobre una colina, con vista a  las tierras de Abisinia, se encontraban los más destacados  Compañeros, quienes residían ahora en el país. Liderando esta delegación estaba Yafar Ibn Abi Talib, quien conjuntamente con Jalid Ibn Said  y Abdullah Ibn Hudhafah As-Sahmi (Allah se complazca con ellos) testificaban dicho matrimonio. Se encontraron con el rey en uno de sus amplios pasillos, decorado con brillantes mosaicos, iluminado con  lámparas de bronce, y sus pisos cubiertos por espléndidas alfombras. En el medio de esta noble asamblea, el Negus dio un paso al frente y pronunció las siguientes palabras:

“Las alabanzas sean para Allah, el Todopoderoso, el Único quien da seguridad, el Omnipotente. Yo atestiguo que no hay otra divinidad excepto Allah, y que Muhammad es Su Siervo y Mensajero, y que su llegada a este mundo fue anunciada en la profecía de Jesús, hijo de María.

El Mensajero de Allah (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) me ha pedido que realice el contrato de matrimonio entre Umm Habibah bint Abi Sufián y él; por lo que,  estoy accediendo a su pedido, y en su nombre, ofrezco a ella una dote de 400 dinares de oro. Celebro esta ceremonia de casamiento de acuerdo a la ley de Allah y Su Mensajero”.

Luego depositó las monedas de oro frente a Jalid Ibn Said (Allah se complazca con él); este se puso de pie y dijo:

“Las alabanzas sean para Allah, a Quien agradezco y de Quien pido perdón, y a Quien me dirijo arrepentido. Yo atestiguo que Muhammad es Su Siervo y Mensajero, enviado como guía para esta religión de la  verdad, aunque sus enemigos deseen lo contrario.

Estoy accediendo al pedido del Mensajero de Allah (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), en darle a mi representada, Umm Habibah bint Abi Sufián (Allah se complazca con ella). Que Allah bendiga a la esposa del Mensajero, y que le de alegría y fortuna.”

Luego tomó la dote y la entregó  a ella, en el momento en que  sus Compañero se alistaron para retirarse, pero el rey les dijo:

“Tomen asiento, ya que la práctica enseñada  por los Profetas en ocasión de un casamiento, es la de invitar a todos a comer” y  ordenó que  trajesen la  comida.

Luego, fue  Umm Habibah (Allah se complazca con ella), quién dijo:

“Cuando me entregaron la dote, envié cincuenta medidas de la misma a Abrahah, con un mensaje diciéndole que le había dado un regalo tan modesto cuando me trajo la noticia de la proposición del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solo porque no tenía dinero. Al poco tiempo, Abrahah vino a visitarme, y me devolvió el oro. Sacó una pequeña caja que contenía las joyas  que le había obsequiado, al devolverlas,  me dijo:

  • El rey no quiere que acepte ninguna recompensa de tu parte. También ha ordenado a todas las mujeres de su casa que te envíen sus perfumes, ya que debes arreglarte apropiadamente, como novia.

Al día siguiente me visitó otra vez, trayendo consigo azafrán, madera de sándalo y ámbar, y dijo: “Te pediré algo”, luego me dijo: “He aceptado el Islam, y ahora sigo la religión de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y es mi deseo enviar mis saludos al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y que le digas que creo en Allah y en Su Mensajero. No debes olvidarte”.

Luego, fui llevada ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en Medina, cuando le comuniqué del compromiso, y de lo que había sucedido entre Abrahah y yo, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)  encantado dijo:

“Que la paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean con ella también.”

 

¡Allah este complacido de Umm Habibah!

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