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El matrimonio, sin embargo, no tuvo éxito. Aunque tanto Zayd como Zaynab eran de la mejor gente, que amaba a Allah y a su Mensajero (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) eran muy diferentes y al final no pudieron superar su incompatibilidad. Zayd pidió permiso al Profeta (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) para divorciar a Zaynab más de una vez y, aunque se le aconsejó permanecer con su esposa por temor a Allah, finalmente el divorcio se llevó a cabo. 

El Profeta (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) recibió entonces la orden de Allah de casarse con Zaynab bint Yahsh, que Allah esté complacido con ella. Haciendo esto demostraba más allá de ninguna duda que en Islam un hijo adoptivo no es contemplado bajo la misma luz que un hijo natural y que, aunque un padre nunca puede casarse con la mujer con quien su hijo natural ha estado casado y más tarde divorciado, el padre de un hijo adoptivo sí puede casarse con la mujer que una vez estuvo casada con su hijo adoptivo y ya no lo está.

Además, casándose con Zaynab, el Profeta (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) confirmaba también que es permisible el matrimonio entre primos y, al mismo tiempo, a Zaynab se le cumplía el deseo de su corazón de estar casada con el Mejor de la Creación.

El Mensajero de Allah (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) recibió el mandato de casarse con Zaynab mientras estaba con Aisha, que Allah esté complacido con ella. Tras recibir la revelación, sonrió y dijo:

 

-           "¿Quién irá a entregar a Zaynab buenas noticias?"

 

Y recitó la aleya que acababa de recibir. Cuando Zaynab oyó las noticias, dejó lo que estaba haciendo y rezó para agradecer a Allah. Luego, a ella le agradaba señalar que su matrimonio había sido arreglado por Allah.

El festín de bodas de Zaybnab fue también la ocasión para que descendiera otra aleya Coránica. El Profeta (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) sacrificó una oveja y ordenó a su sirviente, Anas, invitar a la gente a compartirla. Después que hubieron comido, dos hombres se quedaron charlando allí tras la comida. El Mensajero de Allah (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) salió y dio las buenas noches a sus otras esposas, volviendo y hallando a los dos hombres todavía charlando. Fue muy duro para el Profeta, a quien no le gustaba criticar a la gente directamente, y de esta manera esperó pacientemente hasta que se marcharon. Entonces Allah hizo descender la siguiente aleya, que es conocida como ‘la aleya del Hiyab’:

 

“¡Vosotros que creéis! No entréis en las habitaciones del Profeta a menos que os dé permiso y os invite a comer, pero no estéis esperando la ocasión. No obstante si sois invitados entrad, y una vez hayáis comido retiraos y no os quedéis hablando con familiaridad, realmente esto importuna al Profeta pero le da vergüenza decíroslo. Sin embargo Allah no se avergüenza de la verdad. Y cuando les pidáis a ellas algún menester, hacedlo desde detrás de una cortina, esto es más puro para vuestros corazones y para los suyos. No es propio de vosotros causar ningún perjuicio al Mensajero de Allah. Tanto si mostráis algo como si lo mantenéis escondido… Allah es Conocedor de todas las cosas. No hay inconveniente para ellas en cuanto a sus padres, hijos, hermanos, hijos de sus hermanos y de sus hermanas, las mujeres que sean de las suyas y los esclavos que posean. Y que teman a Allah, es cierto que Allah es Testigo de todas las cosas. Es verdad que Allah y sus ángeles hacen oración por el Profeta. ¡Vosotros que creeis! Haced oración por él y saludadlo con un saludo de paz”. (33:53-56)

 

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