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El peligro de los rumores.

Sheij Abdulaziz ibn Fawzán Al-Fawzán.

 

Los rumores pueden ir dirigidos en contra de uno mismo, de su familia, de un grupo en concreto o de toda una sociedad. Y es posible que dichos rumores estén basados en una mentira, o una exageración que va más allá de la realidad convirtiendo así un granito de arena en una montaña, lo pequeño en algo inmenso… o puede que dichos rumores sean ciertos pero la difusion de los mismos sean un gran perjuicio y se traduzcan en un daño para el individuo o para la sociedad musulmana en general.

Y es casi imposible encontrar una sociedad en la que no circulen dichos rumores a través de personas que no tienen nada mejor que hacer y para ellos es un pasatiempo, aunque en ocasiones vaya en contra de sus propias personas, ¿qué decir pues cuando va en contra de aquellos que les son ajenos?

Son personas con perjuicios que aprovechan los rumores para alimentar su maldad, además de dar rienda suelta a su envidia a través de su odio y astucia, tomándolo como un arma contra sus opositores.

Todos estos rumores malignos están prohibidos y aquel del que surgen es alguien detestable, ingrato, cuyo acto es del todo infructuoso, pues la mentira y la falsedad están prohibidas y hay consenso sobre ello entre los sabios, es más, se considera de los pecados mayores y de los principales motivos de corrupción en la tierra, pues da como resultado una plaga “mortal” que ataca a una sociedad desde sus cimientos derrumbando la confianza entre la gente y todo ello nada tiene que ver con los excelsos modales, más bien, es la base de la hipocresía.

La mentira cuando se extiende entre la gente y se le da publicidad va creciendo y agravándose, y con él crece su peligro y debido a ello perecen muchas personas, por todo ello, el castigo del que se sirve de los rumores es muy doloroso, y él está condenado a la perdición.

Debido a ello advirtió el Profeta (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) en numerosas ocasiones sobre la gravedad que ello supone y hasta describió al detalle el duro castigo que le espera en el Más Allá al que se sirve de los rumores y la difamación para extender la corrupción en la tierra.

Difundir y darle publicidad a un rumor, ya sea con certeza o con duda acerca de su veracidad, forma parte de la mentira, pues es motivo de corrupción y enemistad, además de un vehículo para el pecado y la injusticia, por ello dice nuestro Señor, Alabado Sea, en forma de consejo y advertencia:

{¡Vosotros que creéis! Si alguien, que no es digno de confianza, os llega con una noticia, aseguraos antes; no vaya a ser que, por ignorancia, causéis daño a alguien y tengáis luego que arrepentiros de lo que hicisteis.} (49:6)

Y si esto se refiere al creyente corrupto, qué decir pues del que no es creyente, o del hipócrita… o del rumor del cual se desconoce la fuente, sin autor, como las noticias y las historias que se envían a través de los mensajes móviles, las redes sociales, los canales de television… de los cuales se ignora quién pueda estar detrás y las intenciones que pueda esconder. Ciertamente, no todo lo que se dice y se difunde es cierto, ni todo lo que se escucha debe ser difundido, pues entre la gente hay injusticia e ignorancia, además de envidia, tendencia al apresuramiento e indiscreción… ciertamente la seguridad no tiene precio. Dijo nuestro amado Profeta Muhammad (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él):

-          “Suficiente mentira es para el hombre difundir todo lo que escucha” (Muslim)

También advirtió sobre restarle importancia a palabras que pueden parecer insignificantes y por ende, no merecer un castigo tan severo, pues dijo:

-          “Ciertamente, el siervo puede pronunciar una palabra sin darle importancia a su gravedad y debido a ella llegue a hundirse en el Infierno a una distancia similar a la existente entre Oriente y Occidente”. (Al Bujari y Muslim)

 

Y si hablamos de un rumor que es cierto y ha sucedido pero el difundirlo puede ser motivo de corrupción y daño, entonces ello es prohibido, pues ciertamente no hay pecado mayor, después de la idolatría, y cuyo castigo es más doloroso, que hacerle daño al prójimo y mancillar su honor, espiándole en su privacidad, pues narró Abu Barzat Al Aslami que dijo el Profeta (la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él):

-          “¡Oh aquellos que han creído con su lengua pero cuya fe no ha entrado  aún en sus corazones! No difaméis a los muslmanes, ni los dañéis, ni mancilléis su honor, ni los espiéis en su privacidad, pues aquel que espía la privacidad de otros, ciertamente Allah Lo Dejará en evidencia aunque sea en el seno de su propio hogar”. (Hadiz auténtico narrado por Tirmidhi, Abu Daud y Ahmad.)

 

Y el asunto cobra gravedad cuando la difusion de tales rumores lleva consigo la malvada intención de sembrar la corrupción en la sociedad, dice Allah, Enaltecido Sea:

{Quienes deseen que se extienda la indecencia entre los creyentes, tendrán un castigo doloroso en esta vida y en la otra. Allah sabe, mientras que vosotros no sabéis.} (24:19)

Si el sólo hecho de estar complacido con que se extienda la corrupción entre los creyentes conlleva un castigo doloroso en esta vida y en el Más Allah ¿qué vamos a decir de aquellos que además de estar complacidos ayudan para que se extienda dicha corrupción con sus hechos y palabras?

Todo ello debido que la promoción y circulación de dichos rumores, aunque sean del todo ciertos, lleva a las almas débiles hacia el pecado y los sume en un ambiente contaminado cuyos efectos son muy nocivos para la sociedad, ya que el pecado se le presenta de forma muy tentadora llevándolo a caer en él inevitablemente, aunque anteriormente se haya esforzado por evitarlo, por ello, de la sabiduría que se esconde detrás de ocultar el pecado de tu hermano y no evidenciarlo, es evitar que se extienda la corrupción ante la gente y que llegue un momento en que las almas sientan que dichos pecados no son tan graves pues ya otros los llevaron a cabo y esa es una de las tantas estrategias con que Shaytán engaña a aquellos que caen en sus diversas trampas.

 

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