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Una historia antigua que se repite II

 

 

En la Sunnah encontramos los detalles de esta historia, que nos habla de la fe, de la entrega a la verdad, de la tiranía de un opresor que quería que su pueblo lo adore, en lugar de adorar a Allah.

Suhaib t narró que el Enviado de Allah r dijo: “En la antigüedad hubo un rey que tenía un mago, y éste, al llegar a una edad avanzada, le dijo al rey: ‘Soy anciano ya, envíame a un joven para que le enseñe la magia’. Entonces se le envió un muchacho para que fuera su aprendiz.

En el camino que hacía el joven aprendiz había un monje con el que se sentó para escucharle, quedándose maravillado por sus palabras. Desde entonces, siempre que pasaba en dirección a la casa del mago se sentaba con él, hasta que el mago debido a sus continuos retrasos lo golpeó. El aprendiz se quejó al monje, quien le dijo: ‘Cuando temas algún perjuicio del mago dile: Me ha impedido llegar a tiempo mi padre o mi madre, y cuando temas algún perjuicio de tu padre o tu madre di: Me ha impedido llegar a tiempo el mago’.

Un día, el aprendiz, en su camino donde el mago encontró un animal enorme que tenía acorralada a la gente, y dijo: ‘Hoy voy a saber quién de los dos tiene razón, si el mago o el monje’. Entonces tomó una piedra y dijo: ‘¡Oh Señor! Si la práctica de este monje es más querida para Ti que la del mago, mata a ese animal para que la gente pueda seguir su camino en paz’. Entonces arrojó la piedra y el animal murió, y la gente pudo marcharse en paz.

El aprendiz fue donde el monje y le informó de lo sucedido, y éste le dijo: ‘¡Hijo mío! Has alcanzado un grado más elevado que el mío. Serás puesto a prueba, y cuando esto suceda, no le digas a nadie que fui yo quien te enseñó’.

Luego de un tiempo el joven comenzó a curar a los ciegos de nacimiento y sanaba a los leprosos y otros enfermos.

Un consejero del rey que había quedado ciego tuvo conocimiento de estas sanaciones y se presentó ante él con una gran cantidad de regalos y le dijo: ‘¡Todo esto es para ti si me curas!’

El aprendiz le contestó: ‘En realidad no soy yo quien cura, el que cura es Allah. Si crees en Allah, le pediré por ti y Él te curará’. El consejero creyó y Allah r lo curó.

Cuando el consejero acudió a reunirse con el rey, como solía hacer, éste le preguntó: ‘¿Quién te ha devuelto la vista?’

Dijo: ‘Mi Señor’.

El rey inquirió molesto: ‘¿Acaso tienes otro señor que yo?’

Dijo: ‘Mi Señor y tu Señor es Allah I’.

Entonces el rey ordenó que lo pusieran en prisión y lo torturaron hasta que confesó cómo encontrar al joven que le había curado la vista.

Cuando el joven fue llevado ante el rey, éste le dijo: ‘Hijo mío, tu magia ha alcanzado tal punto que curas a los ciegos, a los leprosos y a muchos otros’.

Pero el aprendiz le contestó: ‘En realidad no soy yo quien cura, quien verdaderamente cura es Allah I’.

Entonces el rey ordenó que fuera puesto en prisión y fuera torturado hasta confesar. El joven terminó por confesar la existencia del monje. Cuando el monje fue traído ante el rey, le ordenaron:

‘¡Reniega de tu religión!’

Pero el monje se negó, y el rey ordenó que trajeran una sierra, se la colocaran sobre la cabeza y lo cortaron a la mitad.

Luego mandó llamar al consejero y le ordenó que renegara de su fe, pero como se negó fue asesinado de igual manera que el monje.

Después trajeron al joven, y el rey le exigió que renegara de su fe, pero al negarse, dijo: ‘Llevadlo hasta la cima de la montaña, y si no reniega de su fe arrojadlo al abismo’. Cuando estuvieron en lo alto de la cima, el joven exclamó:

‘¡Oh Señor, líbrame de ellos de la forma que desees!’

Entonces, la montaña tembló y fueron ellos los que cayeron al abismo. El joven regresó caminando hasta el rey, quien le preguntó: ‘¿Qué ha ocurrido con los guardias?’

Le dijo el joven: ‘Allah me libró de ellos’.

Entonces el rey lo envió con otros guardias, a quienes les dijo: ‘Llevadlo en barco hasta alta mar y exigidle que reniegue de su religión, y si no lo hace arrojadlo al mar’.

Cuando llegaron a alta mar el joven dijo: ‘Allah líbrame de ellos de la forma que desees’.

Entonces el barco naufragó y los guardias se ahogaron. El joven volvió caminando hasta el rey, quien le preguntó: ‘¿Qué ocurrió con los guardias?’

Le dijo: ‘Allah me libró de ellos. Tú no podrás matarme hasta que hagas lo que te ordene’.

Dijo el rey: ‘¿Qué me ordenas?’

Dijo: ‘Reúne al pueblo y átame al tronco de un árbol. Luego, toma una flecha y ponla en el arco, y di en voz alta: ‘En el nombre de Allah, Señor de este joven’ y arrójame la flecha. Me matarás si así lo haces’.

Entonces el rey ordenó reunir al pueblo e hizo todo conforme le había dicho el joven, y antes de dispararle dijo en voz alta: ‘En el nombre de Allah, Señor de este joven’, y asestó la flecha en la sien del joven, quien tomándose la frente murió.

Al presenciar esto, el pueblo entero dijo: ‘Creemos en el Señor de este joven’.

Entonces le fue dicho al rey: ‘Aquello que más temías; ha sucedido. Todo el pueblo ha creído’.

El rey ordenó que fueran cavados grandes fosos y prender fuego en su interior, y dijo: ‘¡Quien no reniegue de su fe, arrojadlo al fuego o decidle ‘arrójate tú mismo’!’

Así fue hecho hasta que llegó una mujer con un bebé en brazos. Ella dudó, debido al temor de caer en el fuego con su hijo.

Entonces milagrosamente su bebé le habló diciendo: ‘¡Madre, ten paciencia y hazlo porque tú estás en la verdad!’” [Muslim]

Así es la historia de algunos líderes y gobernantes que por ambición e intolerancia llevan a su pueblo a una situación insostenible e intolerable: adorarlos a ellos o adorar a Allah, el Creador.

Súplicas finales

Hermanos y hermanas, pidan paz y bendiciones por el Profeta Mujámmad, tal como Dios lo menciona en el Corán:

“Ciertamente Allah y Sus Ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pidan bendiciones y paz por él”. (Corán 33:56)

¡Oh Allah! Concede bendiciones y paz a nuestro Profeta Mujámmad, a sus familiares, a todos sus discípulos y a quienes sigan su guía de buena manera hasta el Día del Juicio. ¡Oh Allah! Da tu complacencia a todos los discípulos de Tu Mensajero, de quienes fueron destacados Abu Baker, Omar, ‘Uzman y ‘Ali. Complácete también con todos los seguidores de estas nobles personas, quienes siguen su guía hasta el Día del ajuste de cuentas, y con nosotros los presentes, pues Tú eres en verdad el más Clemente.

¡Oh Allah! Enaltece y dignifica al Islam y a los musulmanes, protégenos del mal de nuestros detractores, y líbranos de los problemas del encarecimiento de los productos, la propagación de enfermedades, de la usura y el interés monetario, del adulterio y la fornicación, de los terremotos, de las dificultades y las tribulaciones, y de la perversión y corrupción oculta y evidente.

¡Oh Allah! Perdónanos y perdona a nuestros hermanos creyentes que ya fallecieron, y no hagas que en nuestro corazón se encierre el desprecio y el odio por los que han creído en Ti como se debe. Tú eres el más Bondadoso y Misericordioso.

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