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Una gran mujer, Jadiyah bintu Juailid  

 

Todas las alabanzas pertenecen a Allah, lo glorificamos y nos encomendamos en Él. Nos refugiamos en Allah del mal que hay en nuestro ego y del que puedan generar nuestras malas acciones. A Quien Allah guía, nadie lo podrá desviar, pero a quien Él desvíe, nadie lo podrá guiar. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Allah, Único, sin asociados. Atestiguo que Mujámmad es Su siervo y Mensajero. ¡Oh Allah! Bendice a Mujámmad, su familia, sus compañeros y todos los que sigan su guía hasta el Día del Juicio Final.

¡Hermanos y hermanas en el Islam! Tengamos temor de Allah, pues la piedad es la mejor provisión y el camino más recto que todos debemos seguir. Allah dice en el Sagrado Corán:

“¡Oh, creyentes! Teman a Allah como es debido y no mueran sino musulmanes sometidos a Él.” (Corán 3:102)

“¡Oh, seres humanos! Tengan temor de su Señor, Quien los ha creado de un solo ser, del que creó a su cónyuge e hizo descender de ambos muchos hombres y mujeres. Tengan temor de Dios, en Cuyo nombre se reclaman sus derechos, y respeten los lazos familiares. Dios los observa.” (Corán 4:1)

“¡Oh, creyentes! Tengan temor de Dios y hablen solo con la verdad. [Si lo hacen,] Él hará virtuosas sus obras y perdonará sus pecados. Quien obedece a Dios y a Su Mensajero obtendrá un triunfo grandioso.” (Corán 33:70-71)

Solemos escuchar historias de los compañeros del Profeta  acerca de la generosidad, la veracidad, la fe, la solidaridad con el prójimo, la paciencia ante las adversidades, la perseverancia ante las dificultades, y nos sorprendemos gratamente con estas características, pero ¡Qué sorprendente es la historia de una persona en la que Allah reunió, no una sola, sino todas estas nobles cualidades y más!

En una época donde se había generalizado la injusticia, trastornado los valores, confundido el sentido del hogar y de la lógica, se había enceguecido la vista y el conocimiento, se llegaba a matar al propio hermano o al hijo por unas monedas, o por desprecio a una mujer recién nacida.

Hoy vamos a hablar de una gran mujer, que a pesar de vivir en una sociedad corrupta y deshumanizada, tenía principios y una excelsa moral, se mantuvo lejos de la codicia y el egoísmo, rechazaba las injusticias de su pueblo y los malos tratos a su género.

Ella era una mujer sumamente inteligente, recatada, segura de si misma, consecuente con sus principios, honesta mujer de negocios, de 40 años de edad, que buscaba en su sociedad un hombre distinto, que no tuviera el comportamiento machista típico de su sociedad, sino alguien que fuera su compañero en la vida, y ¡vaya si Allah se lo concedió!

Esta gran mujer fue Jadiyah bint Juailid Al-Quraishiiah.

Años antes de que comenzara la misión profética, llegaron a los oídos de Jadiyah las mejores referencias de Mujámmad, pues era conocido por todos en su sociedad como Mujámmad “al-amín / el confiable”, y ella decidió contratarlo para que fuera encargado de uno de sus negocios a Siria junto con un empleado de ella llamado Maisarah. Así fue cómo Mujámmad emprendió el viaje junto a Maisarah y retornó con enormes ganancias. Cuando Maisarah le contó a Jadiyah, como durante este largo viaje y las transacciones que realizó, descubrió la honestidad de Mujámmad, su educación, sus virtudes y su buen comportamiento, se conmovió de forma tal que vio en él el esposo que siempre había buscado. Entonces una amiga de ella, Nafisah Bintu Munabbih, se presentó ante Mujámmad , que tenía por aquel entonces 25 años de edad, y le preguntó: “¿Qué te impide casarte?” Él respondió: “No tengo dinero para hacerlo”. Entonces la mujer le preguntó: ¿Y si el dinero no fuese necesario porque la mujer con la que te casarías es distinguida, bella y adinerada, que dirías? Mujámmad  preguntó: “¿De quién estás hablando?” Y ella respondió: De Jadiyah Bint Juailid. Entonces Mujámmad  dijo: “Si ella lo está proponiendo, por supuesto que acepto”.

Jadiyah era inmensamente feliz con este casamiento, como no podría ser de otra manera, pues se había casado con una persona que toda la sociedad conocía como “el confiable” y “el compasivo”.

Reflexionemos hermanas y hermanos, Allah le facilita los asuntos a quienes desean sinceramente con el casamiento preservar su dignidad. Sería imposible imaginar para quienes viven en un mundo frívolo que una mujer adinerada como Jadiyah pudiera casarse con un hombre humilde como Mujámmad. Aunque claro está que para Jadiyah pesó más en la balanza la integridad, la calidad de ser humano y la moral de Mujámmad que cualquier otra condición externa. Este relato nos enseña también que islámicamente no es ninguna vergüenza que una mujer que descubre en un hombre a quien quiere como compañero en su vida, lo busque, y le haga llegar una proposición indirecta de matrimonio.

La vida matrimonial de Jadiyah y de Mujámmad transcurrió feliz, llena de amor, comprensión, misericordia y compasión mutua. En una oportunidad, les fue anunciado que Halimah As-Sa‘diiah, quien había amamantado, lactado y cuidado a Mujámmad  estaba en la puerta y quería visitarlos. Cuando el Mensajero de Allah  escuchó esto, su corazón se llenó de alegría y emoción; muchos recuerdos de su nodriza vinieron a su mente; recordó la tribu de Sa‘d y la dedicación que ella le brindó con tanta ternura. Jadiyah se levantó para hacer ingresar a Halimah, pues ella había escuchado a su esposo mencionarla con cariño. Cuando los ojos de Mujámmad  la vieron se llenaron de lágrimas y casi no podía hablar de la emoción; sólo pudo proferir dos palabras que expresaban lo que sentía por ella: “¡Madre! ¡Madre!”.

En ese cálido encuentro él le preguntó cómo se encontraba y ella se lamentó de la terrible sequía que estaba azotando el desierto donde vivía junto con su gente, y que estaban atravesando días muy duros de sensible pobreza. Ambos esposos se consultaron, y le hicieron una generosa ayuda, y así fue cómo Halima volvió a su tribu con cuarenta cabezas de ganado, entre ovejas y camellos, llevando agua y provisiones a su gente.

Así era Jadiyah de generosa antes del Islam y también luego de aceptarlo, no dudó en dar de sus riquezas anhelando complacer a su Señor y también hacer feliz a su esposo.

Jadiyah tuvo seis hijos con el Profeta , cuatro mujeres; Zainab, Ruqaiiah, Umm Kulzum y Fátimah, y dos varones; Al-Qasim y Abdullah, quienes murieron siendo aun muy pequeños.

A Mujámmad  le gustaba retirarse a meditar en una cueva conocida con el nombre de Hira' todos los años. Así lo hizo hasta que Allah decidió enviarle al ángel Gabriel con el mensaje divino. Esto ocurrió durante el mes de Ramadán.

Allah le reveló las siguientes aleyas:

“¡Recita! [¡Oh, Mujámmad!] En el nombre de tu Señor, Quien creó todas las cosas. Creó al hombre de un cigoto. ¡Recita! Que tu Señor es el más Generoso. Enseñó [la escritura] con el cálamo. Y le enseñó al hombre lo que este no sabía”. (Corán 96:1-5)

Cuando Mujámmad vio al ángel Gabriel por primera vez y recibió la revelación, se atemorizó y regresó a su casa corriendo, y cuando ingresó dijo muy asustado a su esposa: “¡Cobíjame! ¡Cobíjame!” Al ver a su esposo en esta situación, Jadiyah le preguntó qué había ocurrido, y él le contó lo sucedido y le dijo: “¡Jadiya! Temí por mi vida”. Pero ella conocía a su esposo, en lugar de incrementar su temor y miedo profirió unas palabras llenas de apoyo y comprensión, dijo: “¡No temas! Allah no te humillaría jamás, ni te dejaría desamparado, pues tú tratas con respeto a los parientes, siempre hablas con la verdad, asistes a los más débiles, ayudas a los pobres, honras a tus huéspedes y luchas por la verdad”. Fue entonces cuando, al oír estas bellas palabras de su esposa, el corazón del Profeta  se sosegó.

Allah nos relata esta situación en dos aleyas del Sagrado Corán, describiendo al Profeta  tal como lo había arropado Jadiyah, cubriéndolo con una manta.

 “¡Oh, tú que te envuelves en el manto! Levántate y advierte [a los hombres]. Proclama la grandeza de tu Señor, purifica tus vestimentas, apártate de la idolatría, Y no des [ayuda a las personas] para beneficiarte. Sé paciente [ante las persecuciones de los idólatras] con fe en tu Señor”. (Corán 74:1-7)

 “¡Oh, tú que te cobijas! Levántate en la noche y ora gran parte de ella, la mitad, o un poco menos, o un poco más, y recita el Corán lenta y claramente [reflexionando en su significado]. En verdad, te transmitiremos una palabra de gran peso [el Corán]. Por cierto que si te levantas a orar avanzada la noche encontrarás mayor quietud y podrás concentrarte mejor, Pues, durante el día tienes una prolongada actividad. Recuerda a tu Señor y conságrate totalmente a Él. Él es el Señor de oriente y occidente. No hay nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él. Tómale, pues, como protector. Ten paciencia con lo que dicen [los incrédulos acerca de ti y de la revelación] y apártate de ellos discretamente”. (Corán 73:1-10)

Luego, Jadiyah llevó a su esposo a la casa de su primo Waraqah Ibn Nawfal, que era cristiano y le contaron lo acontecido. Al oír la historia éste exclamó: ¡Ese era el espíritu de la revelación, el mismo que Allah envió a Moisés!

Jadiyah no vaciló un segundo ni se retrasó en creer en la revelación y profecía de Mujámmad, contándose así en ser la primera persona en aceptar el Islam.

Cuando comenzó la difusión del Islam y los idólatras de La Meca comenzaron a perseguir a los musulmanes y someterlos a terribles torturas y tormentos, Jadiyah se contó entre los pacientes que soportaron y enfrentaron con entereza todas las hostilidades. En particular, cuando algunos musulmanes debieron emigrar a Abisinia, ya que tuvo que despedir a su amada hija Ruqaiiah quien emigró junto a su esposo ‘Uzmán ibn ‘Affán, ella contuvo sus lágrimas con fortaleza y paciencia.

Al-Bujari y Muslim registraron que Abu Hurairah narró: “El ángel Gabriel se presentó ante el Mensajero de Allah y le dijo: “¡Mujámmad! Jadiyah te traerá una bandeja con comida y bebida. Cuando lo haga, dale un saludo de paz proveniente de su Señor y también de mí”. Al oír el saludo, Jadiyah respondió: “Él (Allah) es la paz y de Él proviene la paz, y que el saludo de paz sea sobre Gabriel”.

Digo estas palabras, y pido perdón a Allah por todos nosotros, pidan ustedes también perdón a Allah.

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