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Cubiertas con el velo islámicocaminan por las calles de Cochabamba - Bolivia  Kawthar y Fátima, (Katia Sánchez y Tania Céspedes) dos mujeres musulmanas bolivianas. Algunas personas las ven con sorpresa y otras como si fueran visitantes de un país  lejano.  

  
Ellas  que fueron bautizadas y criadas en el catolicismo pero en su juventud decidieron renunciar a la religión católica  y sus costumbres para sumarse a la comunidad de musulmanes en Cochabamba - Bolivia. 
  
Su decisiones responden a una elección personal en la búsqueda de la paz espiritual. “Después de buscar y visitar varias iglesias, por primera vez me sentí identificada en mi fe con el Islam”, dice Fátima.  
  
"Por casi 15 años seguí otras religiones. La mayoría adoraba a Jesucristo o Jehová y otros santos, pero en el islam solo hablaban de Dios (Allah)", afirma Katia.  
  
Al cambiar de religión, adoptaron también otros nombres Katia lo hizo por Kawtharque es el nombre de  “Uno de los ríos del Paraíso” y para Tania eligieron Fátima, que en uno de sus significados  representa la “Fuerza”. 
  
Pero, ¿cómo mujeres  bolivianas, cargadas de una diversidad amplia de costumbres y tradiciones ajenas al Islam  llega a familiarizarse con él? 
  
 

Kawthar  
  
 

Kawthar, por ejemplo, desde muy joven estaba en la búsqueda de una religión que llene sus expectativas como seguidora de Dios. En este afán, ingresó a una sala virtual del Corán, donde interactuó con participantes por más de dos años. Luego decidió convertirse al islam, para lo cual debió cumplir con la Shahada – Testimonio de fe -. 
  
Para ello, buscó una mezquita  por internet y encontró la más próxima en la Ciudad de La Paz, ubicada en la plaza Uyuni esquina Casimiro Corrales Nº 591. Allí se contactó con musulmanes que la guiaron en su camino 
  
 

 “Me llamaba la atención esta religión porque veo que viven más tranquilos, no pasan la vida estresados o buscando siempre algo más. Alhamdulillah, estoy tranquila (Gracias a Dios, estoy tranquila), estoy en paz”.  
  
Hace unos años, viajó a Marruecos junto con la empresa en la que trabajaba. Como ingeniera agrónoma, debía participar de un proyecto con cabras. 
  
A su llegada a este país, luego de que la gente se enterara de que Katia era de la misma religión, el recibimiento fue más que grato. “Estábamos en un taller tratando otros temas y, al finalizar la gente hacía fila para abrazarme y darme sus mejores deseos”. 
  
“Para nosotros, una musulmana americana es de mucho respeto. Quiere decir que Alláh las ha bendecido y fueron rescatadas de un mundo sin ley”, dice Rabih Ardif 
  
Antes del islam, las mujeres eran consideradas una vergüenza y eran enterradas vivas, ahora son algo preciado y valioso. Según los derechos de la mujer en el islam ellas deben ser respetadas, honradas y queridas. “Ellas tienen tanto el derecho al buen trato, como la obligación de tratar bien a sus maridos”, según el Corán 2:228.  
  
La personalidad de Kawthar cautivó rápidamente a Rabih, quien era su traductor de español, y le propuso matrimonio. “Él me pidió ser su esposa y me casé”, relató. De acuerdo a esta cultura, los jóvenes no enamoran antes de la boda, ya que en el enamoramiento la belleza de la mujer atrae al hombre y eso lleva al pecado, según explica Ardif. “Yo tengo que casarme primero y el amor nace después”.  
  
Esta pareja lleva ocho años casada. Tiene dos hijos, Mohamed (de seis años) que nació en Marruecos y Aisha (de cuatro años) en Bolivia. 
  
La pareja desmiente la información errada que indica que las mujeres están obligadas a contraer nupcias en matrimonios arreglados o cuando son niñas. “Eso existe, pero en comunidades arcaicas, donde aún no ha llegado la educación. Se trata más de una tradición o costumbre local que de la religión”.  
  
 

Fátima  
  
 

Para Fátima, el encuentro con el Islam fue diferente. Cuando era muy joven, buscaba en internet a un artista muy famoso de una novela y encontró a varias personas con el mismo nombre, contactó a una de ellas, quien poco a poco le fue informando más sobre esta religión.  
  
Las redes sociales fueron el portal de vinculación con esta comunidad. Luego de convertirse al Islam, también tuvo que cambiar su nombre y foto de perfil en Facebook. “Las mujeres no pueden mostrarse públicamente y menos por internet”, dice ella. Esta religión tampoco está cerrada a las tecnologías pero, desde entonces, su número de contactos es muy reducido y en sus fotos no se muestra a ella misma, sino cosas de Islam o fotos de paisajes que expresen paz.  
  
 

 Tampoco están impedidas de trabajar o dedicarse solo al hogar. "Eso depende de la mujer; pero el hombre es el proveedor del hogar", explica Brahim Lajbal, representante de la Asociación de la Comunidad Islámica de Bolivia.  
  
Fátima destaca que los derechos de las mujeres en esta comunidad son muy avanzados. Cuando en Bolivia todavía se lucha por la igualdad, hace más de 1400 años que los musulmanes reconocieron todos los derechos de este sector. 
  
Más allá de los esteriotipos occidentales, el modelo de mujer musulmana es el de aquella que es fiel seguidora de  Dios, que ama a su marido, protege a su familia y guía a sus hijos.  
  
Fátima tiene dos hijas bolivianas -Valeria de siete años y Valentina de cuatro- que comparten con gozo las reuniones y actividades de su madre en el Islam 
  
En Marruecos, las niñas son festejadas a los seis años, como símbolo de su paso de la niñez a la preadolescencia. “Mis hijas fueron bautizadas católicas, pero cuando crezcan ellas podrán elegir su religión”, finaliza.  
  
En Bolivia, existen más de 1.500 musulmanes siendo la presencia femenina muy clara y prevaleciente en esta comunidad. Ellas  viven cada día con este tipo de choques culturales, pero siempre fortalecidas en su fe y abiertas a guiar a nuevas personas al Islam. 

 

En base al artículo "Musulmanas Bolivianas" de la "Revista Así" 13/11/2016 

 
 

 

 

 

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