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Una bella reflexión del Hâfidh Ibn Al Yawzi رحمه الله (597 H) hablando de sí mismo después de haber envejecido y perdido su juventud:

"He estado reflexionando en la situación de las personas cuando llegan a la vejez y encontré que en esa etapa es donde más se hacen evidentes sus pérdidas.

Entre ellos están los que cometieron muchos pecados durante la juventud, otros no aprovecharon su tiempo para buscar el conocimiento, y otros disfrutaron en exceso de los placeres mundanos.

Pero ahora que ya tienen una edad avanzada, todos están arrepentidos por no poder corregir los pecados que cometieron, o por la fuerza física que perdieron o por los grandes beneficios que dejaron pasar. Todos ellos viven la vejez en un profundo pesar y dolor.

Si es un anciano arrepentido de sus pecados, dice: "¡Ay de lo que he cometido!" Y si no se ha arrepentido, lo escuchas lamentándose por no poder seguir disfrutando de esos placeres mundanos.

En cuanto a aquel que dedicó su juventud a la búsqueda del conocimiento, al llegar a la vejez lo ves feliz por todo lo que cosechó, deleitándose por todo lo que juntó, y no ve que haya perdido ningún placer corporal en comparación con los placeres que ha encontrado en el conocimiento. Sin mencionar la dulzura que sentía mientras buscaba el conocimiento, con la que anhelaba alcanzar su objetivo. Y quizás ese trabajo y esfuerzo fue más placentero que el objetivo mismo.

Acto seguido empecé a pensar en mí, comparándome con mi familia, sobre todo con aquellos que dedicaron su tiempo a ganar más bienes en la vida mundanal, mientras que yo dediqué mi juventud a la búsqueda del conocimiento; y vi que no he perdido nada importante de lo que ellos consiguieron.

Después reflexioné en mi situación, y vi que mi vida es mejor que la de ellos, mi posición social es más alta que la de ellos, y todo lo que he conseguido de conocimiento no tiene parangón.

Pero me dijo Iblîs: "¡¿Acaso has olvidado todo tu sufrimiento y vigilia?!"

Le respondí: "Oh ignorante, las mujeres que se cortaron las manos deslumbradas por la belleza del Profeta Yûsuf no sintieron ningún dolor, y el camino nunca es largo si te lleva a un gran amigo".

Mientras estaba en la dulzura de la búsqueda del conocimiento, padecía adversidades y dificultades que para mí eran más dulces que la miel, debido a la excelencia de lo que aprendía y anhelaba".

(Said Al Jâtir, 1/247).

 

Traducción: Lic. Hisham Ibn Abdusalam  حفظه الله

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