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"Cuando el monje estaba cerca de morir, Salman pidió de él que le aconsejara acerca del viaje que iba a realizar y el monje le dijo: « No conozco a nadie que siga creyendo en lo que nosotros creemos, te ordeno que vayas a él. Aún así, estás muy cerca del tiempo en que el Profeta será enviado..."

 

Hay numerosas narraciones en los libros de historia y narraciones del Profeta Muhammad que muestran cómo muchos sabios de los judíos y cristianos estaban a la espera del surgimiento de Muhammad –que la paz y la misericordia de Dios sean con él–.

 

Dentro de estas historias se encuentra el asombroso relato del gran Sahâbi Salman el persa. Salman, originalmente, era zoroastriano, pero se sintió atraído por el Cristianismo. Eventualmente se encontraba bajo la tutela de un monje sabio y estudioso –que permanecía sobre la verdadera religión de Jesús–. Cuando el monje estaba cerca de morir, Salman pidió de él que le aconsejara acerca del viaje que iba a realizar y el monje le dijo: « No conozco a nadie que siga creyendo en lo que nosotros creemos, te ordeno que vayas a él. Aún así, estás muy cerca del tiempo en que el Profeta será enviado. Él vendrá de una tierra santa, emigrará a una tierra entre dos llanuras volcánicas y fértiles, llena de árboles de dátiles. Tendrá signos que no se ocultan: entre sus hombros podrás ver el signo de la Profecía, comerá de los regalos, pero no de la caridad. Si es posible que te dirijas hacia ese territorio, hazlo, porque el tiempo en el que se acerca está por llegar ».

 

Salman narra una larga historia: menciona cómo fue tomado por esclavo, y después fue llevado hacia Madinah (una ciudad situada entre dos llanuras volcánicas y que es conocida por sus palmeras de dátiles). Se encontraba en Madinah cuando llegaron noticias de que una persona clamaba ser Profeta y había emigrado desde Makkah. Salman consiguió visitarlo y le ofreció algunos dátiles para que comiera. Clamando que esos dátiles eran de caridad, el Profeta no comió de ellos, pero le dijo a Sus compañeros que sí lo hicieran. Salman fue en otra ocasión y le volvió a presentar otros dátiles, pero esta vez como un regalo, y el Profeta comió de ellos junto con sus compañeros. Cuando Salman intentó echar un vistazo al Sello de la Profecía que tenía entre sus hombros, el Profeta permitió por sí mismo que lo viera. Es así como Salman aceptó el Islam y narró su historia a los musulmanes. [Compilado por Imâm Ahmad en Al Musnad (5/441–444) y Al–Hâkim, (Al Mustadrak 2/16) y los clasificó como (Sahîh –auténtico) de acuerdo a la condición de Muslim y concordó con él Ad–Dhahabi.]

 

Los judíos en Madinah también tenían conocimiento sobre un Profeta que iba a ser enviado, como es mencionado en el Corán. Los judíos suponían que el Profeta sería un judío de sus mismas tribus y alardeaban de esto a los árabes. Al enterarse de que el Profeta no venía de los hijos de Israel, sino de la descendencia de Ismael, lo rechazaron, a pesar de que reconocían las características proféticas encontradas en la persona de Muhammad –que la paz y la misericordia de Dios sean con él–.  El Corán dice que los judíos reconocían al Profeta claramente como reconocían a sus propios hijos:

 

(Aquellos a quienes concedimos el Libro [judíos y cristianos] conocen al Mensajero como conocen a sus propios hijos, y por cierto que parte de ellos, a pesar de saberlo, ocultan la verdad. La verdad proviene de tu Señor, no seas pues, de los que dudan.) (Corán 2:146,147)

 

En otra parte explica la razón de su rechazo:

 

(Y cuando les llegó [a los judíos] el Libro de Dios [el Corán] que confirmaba lo que ya tenían [en la Torá], a pesar que imploraban el auxilio contra los incrédulos, cuando se les presentó [el Mensajero] que ya conocían, no creyeron en él. ¡La maldición de Dios sea sobre los incrédulos! Que mal que obraron al no creer en lo que Dios reveló, por envidia debido a que Dios favoreció a quien quiso de Sus siervos, incurriendo repetidamente en su ira. Y los incrédulos tendrán un castigo degradante) (Corán 2:89,90).

 

En otras palabras, antes del advenimiento del Profeta que iba a ser enviado, ellos clamaban que sería quien les traería la victoria sobre los árabes, pero cuando el Profeta surgió de entre los mismos árabes, lo rechazaron por no ser de su raza, a pesar de que tuviera todos los signos del Profeta que esperaban.

 

Dijo uno de los nuevos musulmanes de la ciudad de Madinah: «Algo que nos hizo interesarnos en el Islam, después de la misericordia y guía de Dios el Altísimo, fue que escuchábamos lo que solían decir los judíos. En ese entonces, éramos paganos y adoradores de ídolos, ellos eran gente de la Escritura y tenían un conocimiento del cual nosotros carecíamos. En ocasiones, había discusiones entre nosotros y cada vez que hacíamos algo que les molestaba nos decían: “El tiempo en el que surgirá nuestro Profeta está muy cercano. Nosotros pelearemos con él en contra de ustedes y los mataremos como las tribus anteriores fueron matadas». (Sirah de Ibn Hishâm 1/231).

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