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En una comparación sencilla para la comprensión, el  Islam es como un árbol que consta de raíces, un tronco y ramas.

 

Las raíces del Islam son el conocimiento (al-‘ilm) que se encuentra en las dos fuentes principales:

 

1.      La Palabra de Allah –exaltado sea–.

2.      La sunnah de su Profeta Muhammad –la paz y las bendiciones de Allah sean con él–.

 

El conocimiento islámico que alguien ha recibido de Allah –exaltado sea– y ha adquirido, a  la vez, con su esfuerzo se expresa en lo que dice y en lo que hace.

 

Todos los seres humanos cometemos errores al hablar y al actuar, por ello el estudiante de conocimiento y el divulgador del Islam buscan siempre beneficiarse de los sabios, reconocer y excusar los errores de quienes les transmiten el conocimiento en sus clases y ejemplo.

 

Existe un pensamiento peligroso para quien da a conocer el Islam: cuando piensa que posee más conocimiento que los demás; una persona de conocimiento reconoce cuán poco sabe, a diferencia de los ignorantes que hablan sin que nadie los pueda parar en las redes sociales o en la realidad.

 

Como comunidad debemos apoyarnos y en vez de criticar para alejar, debemos aconsejar y corregir con paciencia y buen trato para acercarnos al Islam.

 

El tronco del Islam es la puesta en práctica del conocimiento adquirido, cuando un tronco es fuerte y robusto sus ramas crecen hermosas y están bien protegidas.

 

Por último, las ramas del árbol que hemos llamado Islam son las obras fundamentadas en el conocimiento islámico y allí se completa el círculo que inicia en el conocimiento y termina con su puesta en práctica, desde las fuentes del Islam mismo hasta las ramas de las ciencias islámicas de la creencia (‘aqidah), el derecho islámico (fiqh), la interpretación coránica (tafsir), las ciencias coránicas y de los dichos proféticos (hadith).

 

Julio César (Profeabuismail)

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