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Son muy numerosos en un principio, los cristianos llamados mozárabes por sus compatriotas musulmanes -término que viene de musta'rab, es decir el "seudoárabe"-, puesto que en todo asemejaban a aquéllos, ya que hablaban, se vestían y vivían, en suma, de la misma manera; tan sólo eran distintos por la adscripción a otra religión. Más tarde, a partir del siglo X, muchos mozárabes se convierten al Islam, y son denominados muladíes (mual ladun), si son descendientes de matrimonios mixtos, y musalima, si se han convertido por propia convicción. Estos últimos serán cada día más, quedando los auténticos mozárabes como una minoría. El profundo respeto de la libertad religiosa contenido en la ley coránica permitió a los mozárabes gozar de una autonomía interna considerable. Administrativamente dependían de un "comes" de origen visigodo. La justicia se regía según leyes propias y los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el "exceptor". Este espíritu de tolerancia hizo posible que mozárabes y judíos lograsen, sin demasiados obstáculos, cargos en la diplomacia, el ejército y el propio gobierno musulmán. En dos terrenos se manifiesta claramente la singularidad del estilo mozárabe: arquitectura e iluminación de manuscritos. Las características de las iglesias mozárabes, en las que se combinan elementos de la tradición visigótíca con influjos musulmanes, son los arcos de herradura, los capiteles de tipo corintio y elementos de decoración esculturada. La miniatura mozárabe, proyectada por el arte islámico, está considerada como una de las escuelas más originales de todas las que en esta especialidad produjo el arte medieval. Sobresalen ejemplares como los ilustrados del "Comentario del Apocalipsis" de Beato de Liébana (monje asturiano muerto en 798). Entre otros miniaturistas y calígrafos mozárabes, destacan Magius y Florencio.

Podemos juzgar de la atracción ejercida por el Islam en los cristianos por una carta de 1.311, que calcula la población musulmana de Granada en esa época en 200.000 habitantes, de los cuales todos menos 500 eran descendientes de cristianos convertidos al Islam (citado por Sir T. W. Arnold, "The Preaching of Islam", Nueva York, 1.913, pág. 144). Los cristianos a menudo declaraban preferir el gobierno musulmán al cristiano (citado por S. Lane-Poole, "Story of the Moors in Spain", Nueva York, 1889, pág. 47). Un autor cristiano de la época de 'Abdurrahmán II, llamado Alvaro (siglo IX), en su manuscrito homónimo, dice lo siguiente:

"Mis correligionarios se complacen en leer las poesías y las novelas de los árabes: estudian los escritos de los filósofos y teólogos musulmanes, no para refutarlos, sino para formarse una dicción arábiga correcta y elegante. ¡Ay!, todos los jóvenes cristianos que se distinguen por su talento, no conocen más que la lengua y literatura de los árabes, reúnen con grandes desembolsos inmensas bibliotecas, y publican dondequiera que aquella literatura es admirable. Habladles por el contrario, de libros cristianos, y os responderán con menosprecio que son indignos de atención. ¡Qué dolor! Los cristianos han olvidado hasta su lengua, y apenas entre mil de nosotros se encontraría uno que sepa escribir como corresponde una carta latina a un amigo; pero si se trata de escribir árabe, encontrarás multitud de personas que se expresan en esta lengua con la mayor elegancia, desde el punto de vista artístico, a los de los mismos árabes" (de "El manuscrito de Alvaro, en la España Sagrada", por Flórez, Risco, etc. 2ª edición, 47 vols., Madrid, 1.754-1.850, págs. 273-275. Citado por R. Dozy, "Historia de los musulmanes de España", Turner, Madrid, 1.984, Tomo 11, págs. 92 y 93).

Los judíos, como ya hemos visto, ocupan desde épocas tempranas importantes puestos en la administración y el gobierno andalusí. Ciudades como Lucena, Toledo, Córdoba y Granada, albergan importantes comunidades judías. Por ejemplo, Hasdai lbn Shaprut (915-975), médico famoso, hábil diplomático y gran traductor del griego al árabe, estuvo al servicio, en su calidad de visir (ministro), de 'Abdurrahmán III, en Córdoba; Samuel Ibn Yusuf Halevi, conocido por los musulmanes por el nombre de Isma'iI lbn Nagrilah (993-1.056), llamado también Ha Nagid -el Príncipe-, fue también un gran sabio, poeta y ministro en la Granada de los ziríes hasta su muerte. Fue sucedido por su hijo Yusuf Ibn Nagrilah. Uno de los más celebérrimos del judaísmo y de Al Ándalus fue el Rabí Moshe Ibn Maimón (1.135-1.204), en árabe Musa Ibn Maimun al Qurtubi ("el Cordobés"), el Maimónides de los latinos, médico, jurista, filósofo, un polígrafo por excelencia, que llegó a ser médico personal del liberador de Jerusalén, el sultán Salahuddín al Ayubi (1.137-1.193), nuestro Saladino. Maimónides junto con su conciudadano, colega y amigo Averroes, influyó notablemente en el pensamiento filosófico y religioso de la Europa cristiana, como por ejemplo en la Summa Teológica de Tomás de Aquino (1.224-1.274). Otros grandes sabios judíos andalusíes fueron el zaragozano Bahía Ibn Paqudah, moralista, cabalista y poeta (siglos XI-XII); el malagueño Salomón Ibn Gabirol (1.022-1.070), latinizado Avicebrón, poeta y filósofo; y el sevillano Ibn Sahl (1.212-1.251), notable poeta que se convirtió al Islam, destacándose en el estudio de las ciencias coránicas, llegando a ser secretario del gobernador de Ceuta. Podemos afirmar, sin temor a equivocamos, que Al Ándalus no fue solamente la Edad de Oro del Islam, sino también del Judaísmo.

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