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Los seres humanos tendemos a criticar cualquier acto de los demás, sea bueno o malo, nos parece que ningún acto que los demás está perfecto, pero nos olvidamos de cómo actuamos nosotros o de lo que dejamos de hacer; a veces, criticamos cualquier acto bueno de los demás sea pequeño o grande, público o privado aunque nosotros no seamos capaces de hacerlo. A veces nos fijamos más en una falta pequeña de los demás que en nuestros grandes errores.

 

La mezquita (masyid) no es una casa donde nos encontramos para saber cómo estamos, para hacer negocios o para buscar beneficios de este mundo; la mezquita es el segundo hogar del musulmán, es un lugar donde se toma las decisiones, donde emprende trabajos fisabilillah, donde se encuentra con sus hermanos, donde aprende del Islam en los círculos de conocimiento.

 

Recordemos que el conocimiento del Din es obligatorio (fard) para cualquier musulmán; ya sea el conocimiento científico, académico, religioso, económico, cada uno de nosotros es conocedor de lo que hace y debemos invertirlo fisabilillah.

 

No es posible ser musulmán de nombre, ser musulmán de moda o ser musulmán porque se viene de un país islámico, el Islam se muestra en nuestras vidas, el Islam se demuestra en buenos actos, se es musulmán con palabras, hechos concretos y con corrección de nuestras intenciones.

 

Los actos fisabilillah no son personales son sólo para Allah -exaltado sea-, no es para beneficio de este mundo (dunia) son para agradar a Allah -exaltado sea-; no es mejor el que tiene más, el que sabe más o el que es mayor sino corrigen su intención, nuestra intención es lo más importante.

 

Ya no es tiempo de excusas, de esperas, de indiferencia, de inactividad; ya no es tiempo de criticar sin proponer, de dar sugerencias sin actuar.

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