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Luego decidí que sólo iba a confiar en lo que la Biblia decía que eran las palabras de Jesús, y que esa sería mi religión, las enseñanzas de Jesús. A medida que iba estudiando a conciencia, como nunca antes, las enseñanzas que se atribuyen a Jesús en la Biblia, me iba dando cuenta que eran muy similares a las enseñanzas del Islam: él hablaba de adorar a un solo Dios, que él era un enviado de Dios, nunca exigió que lo adoraran a él, sino que siempre dijo que él se sometía a la voluntad de Dios y ordenaba a la gente a que hiciera lo mismo, que su conocimiento era limitado y que no hacía nada por su propia cuenta. Y una de las pruebas más decisivas que encontré, fue cuando descubrí en una Biblia de estudio, que el único verso que existe en la Biblia que habla claramente sobre la trinidad (1 Juan 5:7), no existe en los manuscritos originales, sino que fue añadido alrededor del año 300 d.C., y por eso hoy en día algunas versiones de la Biblia no lo incluyen. Eso terminaba de confirmarme que la doctrina de la trinidad no era una enseñanza de Jesús, que era falsa, y por lo tanto que iba en contra de la orden de Dios de adorarlo sólo a Él. Y también esto me confirmaba que la Biblia no era cien por ciento Palabra de Dios, que había sido adulterada según los intereses de poder de turno. Si el Libro que consideraba Sagrado, en el cual basaba toda mi fe, probaba estar lleno de falsas doctrinas (la expiación de los pecados, la trinidad, la divinidad de Jesús, etc.)… ¿Qué me quedaba? ¿Sobre qué base podría seguir manteniendo mi fe? ¿Debía cerrar los ojos y pretender que no había pasado nada teniendo el conocimiento que ahora tenía?

Fueron días y meses de mucha confusión, tristeza y decepción. Muchas de mis amistades, que eran principalmente cristianos, me dieron la espalda, para ellos yo era una pecadora por dudar del Cristianismo. Dejé de ir a la iglesia porque simplemente ya no creía en lo que allí decían. Mis padres aún no se enteraban de todo por lo que yo estaba pasando porque me daba miedo su reacción.

Finalmente, una noche, luego de haber llorado un buen rato como hacía todas las noches desde hacía meses, decidí que no podía seguir más así, y que era mi obligación moral, y principalmente con Dios, abandonar definitivamente el camino que había probado ser el incorrecto, y encaminarme en el sendero del Islam, que me había demostrado sobradas veces que era el camino verdadero de Dios. Al día siguiente fui a la mezquita a hacer la Shahada en frente del Sheij, y sentí que una enorme carga se me quitó de encima. Un par de semanas después se lo dije a mis padres, quienes, gracias a Dios, lo tomaron muy bien, me brindaron todo su apoyo y demostraron confianza en la decisión que había tomado, porque lo que ellos habían visto del Islam, de lo que yo les hablaba, eran sólo cosas positivas.

En el Islam encontré respuestas, muy lógicas y razonables, a todas las dudas e interrogantes que tenía a cerca de Dios y del verdadero camino a seguir para lograr Su complacencia. Mientras más estudiaba el Islam, más me asombraba su simplicidad y naturalidad, y la sabiduría detrás de cada enseñanza y mandato. El Corán no deja de sorprenderme, desde que pude ver la hermosura de su estilo literario, que cada capítulo es una poesía, quedé maravillada (siempre he pensado que la mejor expresión idiomática es la poesía); pero eso es sólo respecto a su forma, los más impresionante es su contenido, la cantidad de afirmaciones científicas (comprobadas recientemente por la ciencia moderna) simplemente me deja sin palabras, la sabiduría y las enseñanzas morales y de conducta detrás de cada orden de Dios, no me dejan sino la certeza de haber encontrado por fin el Verdadero Camino, el Camino de Dios…Subhanallah, la Ilaha illa Allah, Muhammadan rasulu Allah.

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