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Dr. Ragueb El-Sergany

 

En este artículo, echaremos un vistazo al conjunto de la humanidad y al estado de la tierra antes de la misión profética del Profeta del Islam, Muhammad a partir de lo que deducimos hasta qué punto la tierra estaba necesitada de la luz y el progreso del Islam para dispersar esta injusticia acumulada y alejar esa desgracia que pesaba sobre las espaldas de la humanidad.

A través de una visión general sobre el estado del mundo antes de la llegada del Islam, el Profeta dijo en el Hadiz narrado por ‘Aiad Ibn Himar:

“Allah Miró a la gente que habitaba la tierra [antes de enviar al Profeta ], de modo que los aborreció, tanto a los árabes como a los demás, excepto a unos restos de la Gente del Libro”

Esto significa que la gente había caído a un nivel de decadencia tal que les mereció el aborrecimiento de Allah. Aborrecer a una persona es más que odiarle simplemente, y el hecho de que el Profeta utilizara la palabra “restos” que tiene el sentido de “vestigios”, significa que esas personas eran algo así como vestigios de tiempos antiguos, que no tenían ningún valor en la vida de las personas, y que constituían grupos reducidos, que no representaban a sociedades completas, sino que sólo eran unos pocos individuos.

Abu Al Hasan An-Nadui explicó esto diciendo:

“En resumidas cuentas, no había en la faz de la tierra, antes de la misión profética del Profeta Muhammad una sola nación de buen temperamento, ni una sola sociedad erigida sobre las bases de la moral y la virtud, ni un solo gobierno basado en la justicia y la misericordia, ninguna dirección construida sobre el conocimiento y la sabiduría, ni una religión correcta tomada de los profetas” .

Efectivamente, la situación estaba deteriorada, había bajeza y ruindad en todo el mundo, y la corrupción estaba generalizada en todos los ámbitos de la vida: el político, el económico, el social y el religioso en la misma proporción, de modo que la vida se estancó en una continua oscuridad alimentada por la ignorancia, que la ahogó en un mar chocante de leyendas y fantasías, dirigida por los deseos y la codicia. En esa época la gente adoraba a las piedras, al sol, a la luna, al fuego, e incluso a los animales, y se dividieron entre amos y esclavos, comieron los bienes del huérfano, rompieron los vínculos familiares, y establecieron sus relaciones basándose en el asesinato y el saqueo. Además, se ufanaban de cometer inmoralidades y maldades. No tenían una legislación que los gobernara, sino que imperaba la ley del más fuerte: el fuerte machacaba al débil, el rico esclavizaba al pobre, y todos vagaban en la oscuridad, sin encontrar un final o una salida para esa situación.

Todas estas circunstancias provocaron que las personas se volvieran confusas y extraviadas, sus corazones estaban llenos de miedo y angustia, y sus mentes de vacío y leyendas. Así estaban las personas antes de la llegada del Islam.

Ésa era la situación del mundo antes del Islam, más concretamente durante los siglos V y VI d.C., periodo en que las civilizaciones desaparecieron de la tierra. El mundo estaba a punto de caer en el caos, según las palabras del escritor Dinson:

“En los siglos V y VI d.C., el mundo se encontraba en una situación de gran peligro del caos, porque las creencias que ayudaban a erigir las civilizaciones se habían derrumbado, y no había otras que pudieran substituirlas. En aquel momento parecía que la gran civilización cuya construcción había requerido esfuerzos a lo largo de 4000 años estaba desmoronándose y se encontraba a punto de disolver, y que la humanidad estaba a punto de volver de nuevo a su estado de barbarismo precedente: las tribus se peleaban y se mataban entre ellas, sin ninguna ley ni orden imperante. Los sistemas que había instituido la religión cristiana se basaban en la separación y la demolición, en lugar de en la unión y el orden. De esta manera, la civilización que era como un enorme árbol ramificado, cuya sombra abarcaba el mundo entero, empezó a tambalearse y estaba siendo afectado por todo tipo de males que llegaban hasta a sus raíces más profundas.”

La situación continuó de la misma manera hasta que surgió la alborada de la civilización islámica y derrochó su luz, de modo que fue como un regalo para la humanidad, y una guía para las personas.

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