El Árabe, una nueva optativa en el tercer curso de ESO.

11/2/2018 12:00:00 AM   |      |   

El Árabe, una nueva optativa en el tercer curso de ESO.

Martorell/ELMUNDO.ES/HÉCTOR MARÍN

La Generalitat pone en marcha un proyecto piloto en que por primera vez el árabe es una asignatura optativa incluida en el horario lectivo y en el currículo escolar.

Unos 50 estudiantes de ESO del área metropolitana de Barcelona la han elegido.

A las 12 horas del jueves avanza en el instituto público Pompeu Fabra de Martorell (Barcelona) la sesión de la clase de Árabe. Es una optativa de tercero de la ESO incluida por primera vez en el horario lectivo y en el currículo escolar. Igual que si fuera la de Francés o Alemán, la nota de esta asignatura contará en la calificación media de los estudiantes. Son nueve los chavales que asisten al curso cuatrimestral de árabe y cultura marroquí del profesor Abderrahmane Moujane.

Cuatro de los alumnos de árabe son de origen marroquí y uno de ellos es invidente; los otros cinco, nativos de Martorell. A sus 14 años, muestran interés en aprender o reforzar su árabe hablado y escrito. Una pizarra de rotulador y un proyector bastan al maestro para explicar nociones básicas. Sólo llevan cinco clases y el docente prefiere ir partido a partido. Ya llegará el turno de la grafía árabe. Hay todavía un cuatrimestre por delante. La práctica del día gira en torno a la traducción de apellidos de alumnos y de protagonistas de la primera línea política: Querol, El Yemlahi, Sánchez, Iglesias... Son los primeros pasos de un proyecto piloto de la Generalitat en el que por primera vez el árabe es una asignatura optativa más del curso en unos pocos institutos. "Nadie se ha quejado", indican desde la administración. Unos 50 estudiantes de ESO del área metropolitana de Barcelona la han elegido.

Son chavales como Pol Sánchez, que quiere aprender una nueva lengua. "Dentro de las que había, francés y árabe, elegí árabe porque es la más diferente de la que hablo habitualmente, catalán", expone el espigado alumno. Cuenta que le interesa la cultura magrebí porque tiene amigos marroquíes a los que en el patio escucha hablar en su idioma y con los que ya se anima a practicar. "Sé presentarme en árabe, pero iniciarse en el habla es difícil porque no compartimos el alfabeto y eso impide poder leer o pronunciar letras o palabras escritas en la pizarra", señala Pol, que ahora valora más el esfuerzo realizado por compañeros suyos llegados desde Marruecos para aprender castellano y catalán.

Wissal El Yemlahi ya habla árabe. Lo estudió, hasta los cinco años, en Marruecos, donde nació. Sigue practicándolo con sus padres y hermanos en casa. En televisión ve noticias y entretenimiento en árabe. Conserva perfectamente su lengua materna. Lo que la ha traído a la optativa de árabe es su voluntad de "reforzar" la lengua y de "echar una mano" a sus compañeros. En un perfecto catalán, expresa Wissal que el instituto "acierta con la idea" de que el árabe sea una clase lectiva: "Creo que puede abrir muchas puertas, ya que la puntuación contará y nos permitirá hacer nuevos amigos".

El Pompeu Fabra es uno de los cuatro institutos catalanes donde el árabe es una optativa más. El resto son el Mont Perdut (Terrassa), el Baetulo (Badalona) y el Martí Dot (Sant Feliu de Llobregat). Tienen todos en común la diversidad de orígenes de su alumnado. Y sobresale el número de estudiantes de origen marroquí.

En el aula del Pompeu Fabra los estudiantes siguen la lección con atención. El alumno ciego usa un ordenador con el teclado en árabe. Todos saben que el árabe se escribe de derecha a izquierda. Están concentrados en las instrucciones que el profesor da en la pequeña aula. Ni siquiera les distrae la presencia de un reducido grupo de representantes de medios de comunicación entre los que se encuentra EL MUNDO. Con su actitud, demuestran interés y respeto por la lengua árabe y la cultura magrebí. Por el instituto, de 52 años de antigüedad, han pasado muchos alumnos marroquíes. En el municipio, de 27.700 habitantes, viven 4.328 extranjeros, según datos aportados por el Instituto de Estadística de la Generalitat. La mayoría es de origen marroquí.

Abderrahmane, el maestro al que sus alumnos llaman Abdu, es uno de ellos. Tiene 30 años y es bereber. Lleva diez en Martorell, un municipio conocido por la fábrica de Seat y al que sólo 14 superan en Cataluña en cifra de marroquíes empadronados. Es habitual que aquí los vecinos tengan amigos de esa nacionalidad e interés por su cultura. Marruecos, pese a ser un país vecino, "resulta atractivo por su exotismo", apunta el coordinador pedagógico del instituto, Màrius Queralt. Doce profesores están ya aprendiendo árabe. No se les da mal, dicen. Abdu asiente. El director del centro, Xavier Joseph, recuerda antiguos intercambios escolares con Siria y Corea del Sur. Y pide al marroquí que organice en el instituto una fiesta temática sobre su país.

El bereber Abdu promete traer té marroquí, baklava y dátiles al centro. Contratado por el Reino de Marruecos, probablemente recordará en la fiesta que el embrión de las clases lectivas es el LACM, el programa de lengua árabe y cultura marroquí en horario extraescolar al que lleva dedicado una década

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