El día en que Cassius Clay se convirtió en Muhammad Ali.

4/29/2018 12:00:00 AM   |      |   

El día en que Cassius Clay se convirtió en Muhammad Ali.

 

ANAÏS MARTÍ, Barcelona/ La Vanguardia

Muhammad Ali era mucho más que un luchador de boxeo. También lo era en su vida diaria, no sólo por la enfermedad del Parkinson, que marcó sus últimos años de vida, sino también por el empeño de terminar con el racismo.

Hace más de 50 años la historia del boxeo dio un vuelco que trascendió más allá del deporte, llegó a la política y forjó a una de las mayores leyendas dentro y fuera del ring. Empezó como Cassius Clay y terminó siendo Muhammad Ali. Su conversión al Islam marcó un antes y un después en su vida y en la historia del deporte.

Iniciado en el boxeo en 1960, Cassius Clay había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, pero pasaba desapercibido dentro del mundo del boxeo. Y eso que ya había logrado 19 victorias, 16 de ellas conseguidas por la vía rápida. Su vida cambió cuando se trasladó a Miami, ya convertido en campeón olímpico. Aun así, seguía siendo desconocido en el circuito del boxeo. Hasta que todo cambió.

 

MUHAMMAD ALI

Deslenguado, directo y a veces arrogante. Le conocían como Cassius Clay. En febrero de 1964 se convirtió en campeón del mundo de los pesos pesados con 22 años, tras el abandono de Sonny Liston. Fue el día que cambió su vida lanzándole a la élite del boxeo. Esa noche, le arrebató en siete rounds su cinturón al entonces campeón del mundo de los pesos pesados. "¡Soy el rey del mundo!" dijo ese día Cassius Clay. Fue de las últimas frases que soltó como tal.

No pasaron ni 24 horas de aquel triunfo. El 26 de febrero es un día para marcar en rojo en la vida de Muhammad Ali. Ese día abandonó a Cassius Clay para convertirse al Islam: “Tomé la decisión de ser un negro de los que no se dejan atrapar por los blancos”, dijo. Todo aquello le trajo consecuencias y no fueron precisamente buenas. Le dio igual.

 

Encarcelado por negarse a servir en las Fuerzas Armadas.

En 1967 se negó a incorporarse al ejército alegando ser musulmán y por lo tanto objetor de conciencia. A Alí no le importó exponerse a un castigo de cinco años de prisión y 10 mil dólares de multa por negarse a servir en las Fuerzas Armadas. Acusado de desertor, las autoridades del boxeo declararon su título vacante. Pero volvió. Y triunfó.

Fue sin duda uno de los mejores boxeadores de la historia. Pero sobre todo, Muhammad Ali consiguió que todos blancos y negros lo aceptasen como una leyenda única dentro del mundo del deporte y en la sociedad estadounidense. Ganó la batalla de la igualdad de derechos sin importar el color de la piel, ni su creencia ni religión.

Se convirtió en musulmán luchando más fuerte fuera del ring que dentro. Su técnica fue definida como “volar como una mariposa y picar como una abeja”. Filosofía de vida que le acompañó hasta el último día. Estuvo en primera plana en los medios de comunicación, retando y provocando a sus contrincantes y llegó a ser una figura del deporte reconocida a nivel mundial. Ahora se ha apagado, pero su leyenda será eterna. 

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