Antecedentes e historia de la lengua árabe 2/2

by Isa Rojas 31. enero 2011 17:16

Autor: Terri De Young[1] - Fuente: Librería Mundo Árabe

A pesar de que los dialectos arameos siguieron desarrollándose hasta dominar la zona de Oriente Medio y convertirse en la lengua franca del Imperio Persa, en el sur, menos sometido a la presión uniformizadora de los complejos sistemas de gobierno y educación imperiales, prevaleció una situación lingüística mucho más fluida y menos estática. Viejas civilizaciones habían surgido en la periferia sur de la Península Arábiga, basadas en las ganancias obtenidas por el comercio, sobre todo de la compraventa de incienso a larga distancia. Las sucesivas dinastías que controlaron este territorio de “Sheba” (o, más propiamente, Saba) usaban diversas variedades de un idioma que hoy en día se suele llamar “antiguo arábigo meridional”, del cual el dialecto más importante fue probablemente el sabeo. Nuestros principales registros de estas lenguas proceden de inscripciones y no de documentos escritos, por lo que nuestro conocimiento acerca del modo en que se produjo su primer desarrollo y posterior cambio es necesariamente incompleto. Más al norte dominaba un estilo de vida tribal y nómada, y aunque disponemos de registros epigráficos fragmentarios de algunos de los dialectos usados por estas tribus, nuestro conocimiento actual sobre la verdadera situación lingüística que prevalecía en esta zona es incluso más incompleto que el que poseemos sobre los reinos del sur de Arabia. [1]

Aunque los ecos del glorioso pasado y de los grandes logros de los sabeos y otros pueblos del sur continuarían resonando en la literatura del mundo árabe-islámico durante toda su larga historia, los expertos en historia de la literatura árabe, en sus escritos sobre el nacimiento de ésta, siempre han centrado su atención en los nómadas árabes del norte. La razón primordial de ello es de carácter lingüístico: la lengua empleada en todo el mundo árabe actual, conocida como fusha o “árabe normativo”, es el mismo idioma usado por estos árabes del norte, reflejado en su forma escrita en la revelación del Corán, tal y como ésta fue registrada a comienzos del siglo VII de la E.C.

Aunque el sabeo, la principal lengua del sur, y el árabe son muy similares, resulta evidente que son dos idiomas distintos, tan diferentes como el inglés y el alemán actuales, y probablemente tan mutuamente compresibles o incomprensibles entre sí como estos últimos. Es casi seguro que el sabeo es la más antigua de las dos lenguas, siendo ya usada para inscripciones en el año 600 a.E.C., mientras que la primera evidencia que tenemos del árabe como idioma escrito es de 900 años después, en una inscripción fechada en 328 de la E.C. Sin embargo, cuando las dos lenguas entraron en contacto y se mezclaron después del nacimiento del islam, el árabe del norte (mudari), respaldado por la autoridad religiosa del Corán, sustituyó por completo a su pariente más viejo como idioma de la alta cultura. El sabeo sólo sobrevive hoy en bolsas aisladas de territorio, donde continúan existiendo diversas variedades dialectales usadas únicamente a nivel hablado. Toda la comunicación por escrito en el sur se lleva a cabo en árabe mudari.

Aunque el árabe mudari pertenece a la rama sur de las lenguas semíticas, parece haber compartido también una relación especialmente estrecha con una lengua semítica occidental: el arameo. Esto es debido en gran parte al hecho de que los nabateos –una tribu nómada norteña que en el siglo IV a.E.C. se desplazó hacia los límites de la ecúmene y se estableció para controlar el extremo norte de la ruta del incienso– hablaban un idioma muy similar al árabe, pero empleaban el arameo como lengua oficial para comunicarse por escrito. [2]

La razón por la cual es tan importante destacar la estrecha relación entre el árabe y el arameo es que el primer ejemplo documentado que tenemos de árabe mudari –un epitafio de una tumba situada a unos 100 km. al suroeste de Damasco y justo al este del Mar de Galilea– está escrito con el alfabeto arameo (nabateo), aunque el vocabulario y la sintaxis son casi idénticos a los de la forma “clásica” de árabe codificada en el Corán. Esta inscripción, conocida como “inscripción de Namara”, por el lugar donde fue encontrada, es importante tanto a nivel histórico como lingüístico. Fue descubierta en abril de 1901 por dos arqueólogos franceses, R. Dussaud y F. Macler, en una escarpada zona del sur de Siria. En Namara existió en su momento una fortaleza romana, pero mientras los arqueólogos exploraban el área encontraron un mausoleo mucho más antiguo y completamente en ruinas. Se trataba de la tumba de Imru’ al-Qais [3], el segundo rey de la dinastía de los lájmidas, una importante familia del norte de Arabia que en esa época estaba aliada con los bizantinos y más tarde se desplazaría hacia el este (a la zona que rodea la moderna Basora) y se convertiría en un Estado satélite de los persas sasánidas. [4]

La inscripción de Namara fue grabada en una gran roca de basalto que originalmente había servido como dintel para la entrada de la tumba. Identifica al ocupante de la tumba como Imru’ al-Qais, hijo de ‘Amr (el primer rey lájmida), llamado “rey de los árabes”, y da alguna información sobre sus notables proezas durante su reinado. Luego ofrece lo que quizá es el dato más importante de la inscripción: la fecha de la muerte del rey, 7 de Kaslul (diciembre) del año 223 de la era nabatea de Bostra (328 de la E.C.). Presumiblemente, la tumba no fue construida mucho después de la muerte de Imru’ al-Qais, lo cual significa que podemos datar con cierta seguridad la fecha de la inscripción.

Para Dussaud y sus compañeros epigrafistas, lo más sorprendente de esta tumba no sólo era que hiciera retroceder la historia del árabe mudari hasta casi 200 años atrás con respecto a la inscripción más antigua hasta entonces encontrada, la cual había sido fechada en 512 de la E.C. [5], sino que el idioma empleado fuera tan parecido al árabe del Corán. Aparte de unas pocas palabras como bar en lugar de ibn (“hijo”), las cuales son claramente arameas, y algunas formas dialectales como ti en lugar de dhi (“este”) y dh en lugar de alladhi (“el que / el cual”), el vocabulario y la sintaxis no difieren notablemente del árabe “clásico” del siglo VI de la E.C.

La fecha de esta inscripción nos permite conjeturar que, en esa época (328 de la E.C.), el árabe mudari ya se había convertido en una lengua independiente con muchas de las características que asociamos al árabe moderno, aunque resulta frustrante que las pruebas de su uso a lo largo de los tres siglos siguientes continúen siendo fragmentarias. Sólo a partir de mediados del siglo séptimo comenzamos a tener algo más que pruebas epigráficas aisladas de su existencia, cuando el idioma se había convertido en el medio de comunicación preferido para un imperio en expansión y para una nueva religión, dinámica y atrayente.

Bibliografía recomendada

- Ignacio Ferrando, Introducción a la historia de la lengua árabe. Nuevas perspectivas , Edición personal, Zaragoza, 2001.

- Mahmud Sobh, Historia de la literatura árabe clásica , Cátedra, Madrid, 2002.

- Mª Jesús Rubiera Mata, La literatura árabe clásica , Universidad de Alicante, Sevilla, 2005.

- Mª Antonia Martínez Núñez, Epigrafía árabe , Real Academia de la Historia, Madrid, 2008.

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[1] Una interesente introducción a las complejas relaciones entre las distintas lenguas semíticas y los problemas para rastrear su desarrollo histórico puede verse en Kees Versteegh, The Arabic Language , Columbia University Press, New York, 1997, sobre todo los capítulos 2º y 3º.

[2] Podemos deducir esto de manera indirecta del hecho de que los errores cometidos en sus inscripciones arameas son del tipo de los que haría alguien que hable alguna variedad de árabe. Para más información sobre las características del árabe nabateo, véase John Healey, Nabatean Tomb Inscription of Mada’in Salih, Oxford University Press, Oxford, 1993, pp. 59-60.

 

[3] Aunque su nombre es el mismo, éste no es el antiguo poeta de la yahiliyya (periodo preislámico) que también perteneció a una familia de monarcas. Este Imru’ al-Qais vivió casi 200 años antes y perteneció a una dinastía completamente diferente. (Nota del autor)

Para más información sobre la figura del Imru’ al-Qais poeta, véase Redacción Alif Nûn, “ Literatura árabe preislámica ”, en revista Alif Nûn nº29, julio de 2005. (Nota de la Redacción).

 

[4] Para más información sobre los lájmidas o Banû Lajm, véase Redacción Alif Nûn, “ Nacimiento y expansión del Islam ”, en revista Alif Nû n nº 59, abril de 2008. (Nota de la Redacción)

[5] Desde entonces se han encontrado otras inscripciones que han sido fechadas (provisionalmente) a comienzos del siglo quinto.

 

 

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