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Autor: Terri De Young - Fuente: Librería Mundo Árabe
El árabe pertenece a la familia de las lenguas semitas. Los idiomas de esta familia poseen una historia escrita que se remonta a miles de años atrás; uno de los más amplios archivos de documentos de entre todos los grupos lingüísticos humanos . Las lenguas semíticas fueron arraigando y floreciendo en el área de la cuenca mediterránea, y sobre todo en la cuenca de los ríos Tigris y Eufrates y en las zonas costeras de Oriente Medio. Sin embargo, el área de origen del “proto-semítico” continúa siendo objeto de debate entre los expertos. Antes se pensaba que la Península Arábiga había sido la “cuna” del proto-semítico, pero en la actualidad muchos expertos mantienen la opinión de que se originó en algún lugar del Africa Oriental, probablemente en la zona de Somalia o Etiopía. Curiosamente, ambas áreas están ahora dominadas lingüísticamente por los dos miembros más jóvenes de la familia de las lenguas semíticas: el árabe y el amhárico, los cuales surgieron a mediados del siglo IV de la E.C.
Esta veloz aparición y difusión del árabe y el amhárico ilustra lo que parece ser una característica especialmente notable en la familia de las lenguas semitas: cuando aparecen nuevos miembros del grupo, tienden a asimilar casi por completo a sus lenguas madre. Esto explicaría el hecho de que tantos idiomas de este grupo hayan desaparecido totalmente a lo largo de los siglos o se hayan convertido en lenguas fosilizadas, a menudo reducidas a un contexto mayormente religioso, dejando de formar parte del lenguaje diario. Este poder de asimilación ha sido sin duda un factor en la difusión del árabe, el cual desplazó por completo a sus predecesores después de unos pocos cientos de años en el área donde los hablantes de árabe llegaron a dominar a nivel político. De este modo, todas los idiomas del sur de Arabia y el arameo, en todas sus diversas formas dialectales, se convirtieron a todos los efectos en lenguas “muertas” muy poco después del nacimiento del Islam en el siglo VII de la E.C. El árabe hizo lo mismo incluso con el copto, lengua camita que era la descendiente directa del egipcio faraónico y todavía un idioma literario y cultural importante en la época de la conquista islámica. Hoy en día sobrevive sólo como el idioma litúrgico de la comunidad cristiana copta de Egipto, la cual, por lo demás, emplea el árabe en todas las esferas de su vida diaria.
En contraste, cuando el árabe ha competido por el territorio con los idiomas indoeuropeos o con los miembros de otras familias lingüísticas lejanas, como el turco (el cual forma parte de la familia de lenguas altaicas, originarias de la Mongolia central), sus resultados no han sido ni mucho menos tan exitosos. Por ejemplo, cuando el árabe fue introducido en la meseta iraní después de que los ejércitos árabes derrotaran al Imperio Sasánida en 630 de la E.C., durante un tiempo pareció dominar de manera aplastante sobre las lenguas persas indoeuropeas de la región. Pero desde finales del siglo X, una forma renovada del antiguo idioma persa (pahlavi) resurgió con decisión, no sólo como lengua escrita sino también como vehículo para las actividades del gobierno y la cultura literaria. Este “nuevo” persa ha seguido predominando en esta área geográfica en los siglos sucesivos y el persa moderno hablado en la actualidad es prácticamente idéntico a aquel.
El árabe no fue la primera lengua semítica en exhibir esta tendencia a arrollar por completo a sus predecesoras. El arameo, el idioma de varios pueblos que vivían en Siria y en la Alta Mesopotamia, fue el primero en adoptar este modelo mucho tiempo atrás, desplazando (aunque no de repente ni necesariamente al mismo tiempo) tanto a la lengua acadia de los pueblos que habían gobernado la cuenca del Tigris y el Eufrates después de los sumerios (quienes hablaban un idioma no semítico) como al hebreo y otras lenguas cananeas que habían sido usadas a lo largo de la franja costera de Oriente Medio. En la época del nacimiento de Jesús, por ejemplo, los judíos usaban en sus escritos y en su vida diaria tanto la versión dialectal judía del arameo como el griego. Igualmente, el dialecto arameo de la ciudad de Edesa, conocido como siríaco, se convirtió en el idioma empleado por las comunidades cristianas situadas al este de Constantinopla.
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De la familia de lenguas semíticas tenemos registros escritos ininterrumpidos desde 2500 años a.E.C. hasta el presente, lo que hace de ella la mejor testimoniada históricamente. Compárense los 4500 años de registros de lenguas semíticas con los algo más de 3500 de textos en lenguas chinas, los 3400 de textos griegos o los 3200 que median entre las primeras inscripciones en egipcio antiguo y los últimos textos en copto. Debemos recordar asimismo que fue la lengua fenicia, también perteneciente a la familia semítica, la primera en escribirse mediante un sistema alfabético, el cual se considera el antecesor de todos los alfabetos modernos. Los primeros registros de esta escritura datan del 1200 a.E.C. (Nota de la Redacción).
“Semita” y “camita” son adjetivos que se formaron basándose en los nombres de los hijos de Noé mencionados en el relato bíblico del Diluvio. Cuando las aguas retrocedieron, Noé y sus hijos salieron del Arca para repoblar la tierra. Según algunas interpretaciones del texto bíblico, Sem se estableció en Asia y los hebreos se contarían entre sus descendientes, mientras que los descendientes de Cam serían los antepasados de los pueblos africanos. De este modo, los lingüistas del siglo XIX, de un modo bastante fantasioso, llamaron “semíticas” (una variante de la pronunciación “shemítica”) a las lenguas emparentadas con el hebreo y “camíticas” a las lenguas de Africa. Hoy en día mucha gente todavía usa estos viejos nombres, pero son cada vez más conocidas como “afro-asiáticas”. No es necesario decir que todos los idiomas de esta familia “afro-asiática” tienen ciertas semejanzas que indican un antepasado común.
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