Pregunta:
Llevo diez años solicitando a Alá, con cierta intermitencia, que me conceda esposo e hijos virtuosos, pero nada de esto me fue concedido. Esto, por lo visto, es lo que Alá el Majestuoso ha decretado para mí y nada ocurrirá si no se encuentra en Su designio.
Mi pregunta es la siguiente:
Abandoné las plegarias en las que solicitaba un buen matrimonio hace algún tiempo. Pero no fue debido a la desesperanza, sino que comencé a reflexionar sobre este tema, y consideré que puede que exista algo que no sea beneficioso para mí, y por esto Alá no responde a mi súplica.
Interrumpí mi invocación a Alá, pensando en que Él sabe mejor que yo aquello que es más beneficioso para mí, a pesar de mis insistentes deseos de acceder a lo que tanto he rogado. ¿Qué debo hacer ante esta situación? ¿Debo continuar haciendo plegarias (Du’á) relacionadas con el mismo tema? O ¿debo considerar que definitivamente existe algo en el matrimonio que no me favorece, y por lo tanto debo dejar de invocar a Alá sobre este asunto?
Respuesta:
Se menciona en el Hadíz que las súplicas son respondidas, a excepción de aquella persona que requiere lo solicitado de manera inmediata. Se considera deseo inmediato cuando aquel que realiza la invocación se lamenta al notar demora en la concesión de aquello que ha solicitado. Esta persona abandona luego las plegarias y se queja de haber insistido numerosas veces, sin obtener una respuesta.
Alá puede atrasar una invocación por diferentes motivos, ya sean éstos particulares o generales. Según un Hadíz, Alá concede a la persona una de las siguientes posibilidades:
1. Responde a la plegaria y concede lo solicitado.
2. Retiene lo solicitado para concederlo en la vida eterna.
3. En lugar de lo solicitado, le evita algún suceso desagradable.
Con relación a la mujer que formula la pregunta: no debe apresurarse en acceder a lo que solicita, ni debe perder la esperanza. Continúa con tus plegarias y súplicas, aunque pasen los años. Pero al mismo tiempo conviene que no seas exigente en tus condiciones para aceptar al joven que se presente solicitando tu mano en matrimonio, aunque sea quien concurre algo mayor que tu o haya estado casado con anterioridad.
Sheíj Ibn Yibrín