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Las alabanzas en verdad son para Alá, a Él lo elogiamos y en Él nos refugiamos, solamente a Él le pedimos perdón, nos refugiamos en Alá del mal de nosotros mismos, del mal de nuestras obras, a quien Alá guíe nadie lo podrá extraviar, y a quien Alá extravié nadie lo podrá guiar, atestiguo que no hay nada ni nadie que merezca nuestra adoración excepto Alá, no tiene socios o copartícpes, y doy testimonio que Muhammad es Su Siervo y Su Mensajero, la paz sea con él, con su familia y seguidores hasta el Día Final.
¡Oh, creyentes! Temed a Alá como es debido y no muráis sino como musulmanes.
¡Oh, hombres! Temed a vuestro Señor Quien os ha creado a partir de un solo ser, del que creó a su esposa e hizo descender de ambos muchos hombres y mujeres. Temed a Alá, en Cuyo nombre os reclamáis vuestros derechos, y respetad los lazos de parentesco. Por cierto que Alá os observa.
¡Oh, creyentes! Temed a Alá, y hablad sólo con fundamento. Él hará prosperar vuestras obras, y os perdonará vuestros pecados. Sabed que quien obedece a Alá y a Su Mensajero obtendrá un triunfo grandioso.
¡Hermanos en la Fe! En nuestra religión tenemos los mejores ejemplos que podamos aplicar en nuestras vidas, a través del Corán podemos viajar una y otra vez por las vidas de los mejores hombres de la historia, los Profetas, también encontramos un gran ejemplo en los seguidores del Profeta Muhammad (que la paz y la misericordia de Alá sean con él) los Sahabas, en los grandes Califas del Islam, y en los grandes eruditos de esta religión.
Ellos eran hombres y mujeres que la vida de este mundo no les distría de la vida del más alla, quienes decían:
¡Señor nuestro! Hemos oído a quien convocaba a la fe, diciendo: Creed en Vuestro Señor, y creímos. ¡Señor nuestro! Perdónanos nuestros pecados, borra nuestras malas obras y reúnenos, al morir, con los piadosos.
Y concédenos ¡Señor nuestro! lo que nos has prometido por medio de Tus Mensajeros y no nos humilles en el Día de la Resurrección. Tú no faltas a Tu promesa.
Y Su Señor les responderá:
No dejaré de recompensar ninguna de vuestras obras, seáis hombres o mujeres. Procedéis unos de otros. Aquellos que emigraron, fueron expulsados de sus hogares, padecieron por Mi causa, combatieron y cayeron, les absolveré sus faltas y les introduciré en jardines por donde corren los ríos. Esta es la recompensa que Alá les concederá. Alá posee la más hermosa recompensa.
He aquí la firmeza de S'ad Ibn Abi Waqas al entrar al Islam:
"Al enterarse mi madre de mi islamización, se enfureció e intentó aprovecharse sabiendo como la quería. Me dijo: ¡Sa'd! ¿Qué religión es esta que te ha alejado de las creencias de tu padre y tu madre? ... ¡Por Dios! ¡Dejarás tu nueva religión o yo dejaré de comer y beber hasta que muera! Entonces se partirá tu corazón de pena por mí y la gente te lo reprochará para siempre."
"Le dije: No lo hagas. No abandonaré mi religión por nada."
"Sin embargo, cumplió con su amenaza. Dejó de comer y de beber por días, hasta que se debilitó."
"Le pedí continuamente que comiese o bebiese. Siempre me rechazaba y juraba que no comería ni bebería hasta que muera o yo dejara mi religión."
"Al ver su actitud, le dije: ¡Madre! Te quiero mucho, pero mucho más a Alá y a Su mensajero... ¡Por Alá! Aunque tuvieses mil almas y las viera salir de tu cuerpo una por una ¡no abandonaré esta religión por nada! "
"Cuando mi madre observó la firmeza en mi posición, cedió. Comió y bebió.
Fue entonces, que Alá reveló en el Sagrado Corán:
"Pero si te obligaran a que me asocies, algo que tú ignoras, no les obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este mundo".(Sura 31:15)
El día de la islamización de Sa'd Ibn Abi Uaqqás, se cuentan entre los más bienaventurados para el Islam y los musulmanes.
He aquí la caridad Uzman Ibn Afan (que Alá esté complacido de él):
Quién fue el primero de emigrar de los musulmanes, y en él tenemos un ejemplo de como gastaba sus bienes:
En una oportunidad, una terrible sequía azotó a los musulmanes, durante el Califato de Abu Bakr As Siddiq (que Alá este complacido con él) quien dijo: Si Dios quiere, mañana antes del ocaso El Altísimo nos dará una salida . Al amanecer del día siguiente arribó a Medina la caravana perteneciente a Uzman (que Alá este complacido con él) proveniente de Siria, con mil camellos cargados de trigo, aceite y pasas, deteniéndose frente a la casa de Uzman (que Alá este complacido con él). Se congregaron los comerciantes pidiéndole que les vendiese su mercancía.
Preguntó Uzman (que Alá este complacido con él): -¿Cuánto me ofrecéis de ganancia?.
Dijeron : El veinte por ciento. Dijo: Me fue ofrecido más. Dijeron: El cincuenta por ciento. Uzman: Me fue ofrecido más aún. Dijeron: ¿Y quien es el que te ha ofrecido más? ¿Si somos nosotros los comerciantes de la ciudad?.
Dijo: Ciertamente Dios me ha ofrecido el mil por ciento. ¿Acaso hay entre vosotros quienes me ofrezca más?.
Desencatados, los comerciantes comenzaron a alejarse, entonces dijo:
¡Oh, Señor mío! La entrego a los pobres y necesitados de Medina sin esperar otra cosa a cambio, que Tu recompensa.
He aquí la valentía de Ali Ibn Abi Taleb (que Alá este complacido con él) al ocupar el lugar donde dormía el Profeta para ocupar a los incrédulos en el momento que querían matar al Mensajero de Alá, arriesgando su vida por él. Nunca temió enfrentarse ante los demás, sino era un ejemplo de valentía coraje para nosotros. Cuando Alí era Califa salía en las noches repartiendo costales de comida cargándolos sobre su espalda para la gente pobre y nadie sabía que era él hasta que encontraron las marcas en su espalda al haber muerto martír.
He aquí Abu Ubaidah Ibn Al Yarrah y su muestra de fidelidad hacia sus hermanos quien se encontraba en Siria durante el Califato de Omar dirigiendo al ejército musulmán de una victoria a otra, hasta que toda Siria estuvo bajo control musulmán. El río Éufrates estaba a su derecha y Asia menor a su izquierda. Fue entonces cuando una plaga azotó la tierra de Siria, con una intensidad nunca antes vista. La población fue devastada. ‘Umar envió un mensajero a Abu ‘Ubaidah con el siguiente mensaje:
"Te necesito urgentemente. Si esta carta te llega por la noche, te exhorto fuertemente a que partas antes de que llegue el amanecer. Y si te llega de día, te urjo a partir antes de que llegue la noche y que viajes velozmente.”
Cuando Abu ‘Ubaidah recibió la carta de ‘Umar, dijo:
"Yo sé por qué el Amir Al-Mu'minin (Califa) me necesita. Él quiere asegurar la supervivencia de alguien que, sin embargo, no es eterno". Entonces escribió a ‘Umar:
"Sé que me necesitas. Pero soy parte del ejército musulmán y no deseo salvarme de lo que los aflige. No deseo separarme de ellos hasta que Dios así lo decida. Por lo tanto, cuando esta carta te llegue, relévame del comando y permíteme permanecer aquí".
Cuando ‘Umar leyó esta carta las lagrimas llenaron sus ojos y las de los presentes, quienes le preguntaron: "¿Ha muerto Abu ‘Ubaidah, oh Amir de los creyentes?" "No", respondió, "pero la muerte está próxima". La intuición de ‘Umar no estaba equivocada. Poco tiempo después Abu ‘Ubaidah fue afectado por la plaga. Siendo que la muerte ya estaba cerca, Abu ‘Ubaidah habló con sus tropas diciendo: "Déjenme darles algunos consejos que los mantendrán siempre en el buen camino. Establezcan la oración. Ayunen el mes de Ramadán. Den caridad. Realicen el Hayy y la ‘Umrah. Manténganse unidos y apóyense los unos a los otros. Sean sinceros con sus comandantes y no les oculten nada. No dejen que el amor a la vida mundanal los destruya, pues aún si viviesen mil años acabarían como yo (muriendo). Que la paz y la misericordia de Dios sean con ustedes". Abu ‘Ubaidah se dirigió a Mua’adh Ibn Yabal y le dijo: "Oh Mua’adh, dirige la oración comunitaria". En ese momento su alma abandonó su cuerpo. Mua’adh se puso de pie y dijo: "Oh gentes, los aflige la muerte de un hombre que, juro por Dios, no sé si he conocido alguien con un corazón tan virtuoso, tan apartado de la maldad y tan sincero como el suyo. Pídanle a Dios que lo envuelva con Su misericordia y Él será misericordioso con ustedes".
He aquí el ejemplo de querer trabajar y no esperar que los demás ayuden a una persona en Abdu Rahman Ibn 'Auf
Una vez que llegaron los emigrantes a Medina, el Profeta (que la paz y la misericordia de Alá sean con él) comenzó a hermanarlos con los Ansar. De esta manera, hermanó a Abdurrahmán Ibn Auf y Sa'd Ibn Al Rabi' Al Ansarí.
Sa'd dijo a su nuevo hermano: "soy de los más ricos de Medina; tengo dos huertos, dime cuál de los dos te gusta y te daré sus frutos..."
Abdurrahmán respondió a su hermano: ¡Que Alá bendiga tu propiedad y tu familia...! Es mejor que me guíes hasta el mercado.
Y así lo hizo Sa'd... Abdurrahmán comenzó a comerciar; compraba y vendía, ganaba y ahorraba.
Hasta juntar suficiente dinero para casarse. Así llegó al Profeta (que la paz y la misericordia de Alá sean con él); perfumado y con aires festivos.
Este dijo: "Me he casado..."
El Profeta ( que la paz y la misericordia de Alá sean con él) respondió: ¿Qué le diste a tu esposa como dote?
Dijo: Le di unos pocos gramos de oro.
El Profeta (que la paz y la misericordia de Alá sean con él) añadió:Festejálo... Que Alá bendiga tus bienes.
Así llegó a ser uno de los más adinerados de los musulmanes y que no fue engañados por la vida de este mundo.
Vean como ofrecieron todo por el Islam, narra Said bin Zabit, sobre la batalla de Yarmuk:
"Eramos 24.000 más o menos en la batalla de Yarmuk. Los bizantinos movilizaron contra nosotros un ejército de 120.000 hombres. Avanzaron hacia nosotros a paso lento y ensordecedor, era como si las montañas se moviesen. Obispos y sacerdotes iban delante de ellos cargando sus cruces y cantando letanías que eran repetidas por los soldados. Cuando el ejército musulmán vio tan impresionante despliegue militar empezaron a preocuparse por su inmensa cantidad, y algo de angustia y temor invadió sus corazones. Entonces, Abu ‘Ubaida se puso frente a los musulmanes urgiéndolos a luchar. "Adoradores de Dios", dijo, "busquen la victoria para Dios y Dios los ayudara y afirmará sus pies". "Adoradores de Dios, sean pacientes y firmes pues por cierto que ambas salvan de la incredulidad, son un medio para alcanzar la complacencia de Dios y una forma de defensa contra lo humillante y la desgracia". "Preparen sus lanzas y protéjanse con sus escudos. No digan nada, a menos que sea para recordar a Dios, hasta que les dé la señal, si Dios quiere". "Entonces, un hombre emergió de entre las filas de los musulmanes y dijo: "He resuelto morir en esta misma hora. ¿Tienen algún mensaje que quieran enviar al Mensajero de Dios, que la paz y la misericordia de Alá sean con él?". "Sí", respondió Abu ‘Ubaidah, "hazle llegar nuestro salam y dile: ‘Oh Mensajero de Dios, hemos encontrado cierto lo que nuestro Señor nos había prometido’". "Apenas vi al hombre hablando, desenfundando su espada y finalmente lanzarse contra el enemigo, me arrojé al suelo y gateé hasta acercarme al enemigo, y conseguí derribar al primer jinete enemigo que venía contra nosotros. Luego caí sobre el enemigo y Dios removió de mi corazón cualquier vestigio de miedo. Los musulmanes se enfrentaron con los bizantinos y continuaron luchando contra ellos hasta que fueron bendecidos con la victoria".
Digo estas palabras pidiendo perdón a Alá por mí y por ustedes, así como para todos los musulmanes, pidánle perdón pues él es el Perdonador, el Misericordioso.
(Segunda parte)
Alabado sea Alá, el Perdonador, el Conocedor, quien guía a quien quiere hacia el camino recto y extravía a quien quiere del sendero correcto, Él no es preguntado por lo que hace, pero la creación será preguntado por lo que hacen, -Glorificado sea Alá- Elogio a mi Señor y le doy gracias, me arrepiento ante Él y le pido perdón, doy testimonio que no hay nada que merezca la adoración excepto Él, el Misericordioso, el Compasivo, y testifico que nuestro Profeta Muhammad es Su siervo y Mensajero, poseedor de grandes modales, oh Alá bendice a tu Siervo y Mensajero Muhammad, a su familia y compañeros.
El Paraíso era lo buscado por ellos, simplemente oigamos lo que dijo el Profeta (salalahu alahi wa salam) que va a tener el último hombre al entrar al paraíso, se narra en Sahih Muslim:
Cuando Alá termine de juzgar a sus siervos y de sacar (del Fuego) con Su misericordia a quien El quiera de la gente del Fuego, ordenará a los ángeles que saquen del Fuego a todo aquel que no haya asociado nada con Alá y mostrará Su Misericordia a todo el que haya dicho: ‘No hay más dios que Alá’, y ellos(los ángeles) los reconocerán por las marcas de sus prosternaciones, ya que el fuego devora todo del hijo de Adán excepto las marcas de sus prosternaciones, pues Alá le ha prohibido al fuego consumir las marcas de las prosternaciones.
Entonces saldrán del Fuego habiendo sido quemados y se derramará sobre ellos el agua de la vida y germinarán como lo hace una semilla en el sedimento llevado por una creciente. Luego Alá, Exaltado sea, terminará de juzgar entre sus siervos, pero un hombre, que será el último en entrar al Paraíso,se quedará de cara al Fuego y dirá:
‘،Oh mi Seٌñor! ،Aleja mi rostro del Fuego porque su aire me envenena y sus llamas me queman!’ Y suplicará a Alá lo que Alá quiera que le suplique y luego Alá, Bendito y Exaltado sea, le dirá:
‘Si lo hago quizás tu pidas otra cosa.’ Dirá: ‘No pediré otra cosa.’ Y él dará a su Seٌñor los votos y garantías que Alá quiera. Entonces se quitará su rostro del Fuego, y cuando se vuelva hacia el Paraíso y lo vea, se quedará en silencio el tiempo que Alá quiera y luego dirá:
‘،Oh mi Seٌñor! ،Acércame a la puerta del Paraíso! Y Alá le dirá: No hiciste hiciste votos y diste garantías asegurando que no pedirías más que lo que te he dado? ،Ay de tí hijo de Adán! ،Qué traicionero eres!’ Dirá: ‘،Oh mi Seٌñor!’ Y continuará pidiendo hasta que Alá le dirá: ‘Si te doy lo que me pides quizás me pidas más.’ Dirá: ‘،No, por tu Grandeza!’, y le dará a su Seٌñor los votos y garantías que Alá quiera. Entonces será llevado a la puerta del Paraíso, y cuando esté a la puerta del Paraíso, ésta se abrirá delante suyo y verá las bondades y la alegría que hay en él, y se quedará callado el tiempo que Alá quiera que se quede callado y luego dirá:
‘،Oh mi Seٌñor! ،Admíteme en el Paraíso!’ Entonces Alá, Bendito y Exaltado
sea, dirá: ‘No hiciste acaso votos y diste garantías asegurando que no pedirías más que lo que te he dado? ،Ay de tí, hijo de Adán! ،Qué traicionero eres!’ Y él dirá: ‘،Oh mi Señٌor! No quiero ser la más miserable de tus criaturas.’
Y seguirá suplicando a Alá hasta que Alá, Bendito y Exaltado sea, se reirá, y cuando Alá se ría de él, Le dirá: ‘،Entra al Paraíso!’ Y cuando haya entrado, Alá le dirá: ‘Di tu deseo’, y él le pedirá a su Seٌñor lo que desee, hasta que Alá le recuerde de tal y tal cosa, y cuando sus deseos se hayan agotado, Alá le dirá: ‘Eso (que pediste)te concedo y (te aumentaré) algo igual a ello.
¡Hermanos en la Fe! Los compañeros del Profeta que mencioné anteriomente tenían una firme convicción en lo que Su Señor les prometió.
Ellos eran hombres que buscaban el Paraíso, adelantando todo lo que poseían, durante las noches solo unos momentos dormían, lloraban pidiendo la misericordia de Su Señor, ayunaban durante el día, y se esforzaban por propagar esta forma de vida.
¿Cuantós nos esforzamos como ellos para la vida del más alla? Buscando solamente la recompensa de nuestro Señor, sin buscar ningun alago de los demás, sin ser ostentuosos cada vez más.
De esta manera, querían apresurarse en las buenas obras sin que algo los distrajera.
Esperaban la promesa de su Señor que permanecerían en un lugar eterno de felicidad sin que nada les obstruyera.
Alabado sea Alá por haber enviado a Sus Mensajeros para que a los hombres condujeran.
Y para que en ellos y en Sus compañeros ejemplos obtuvieran.
Siervos de Alá, en verdad Alá invita a la Justicia y a la bondad, a dar a los parientes próximos y prohibe la perversión y la maldad, se les exhorta tal vez así recordaís.
Recuerden a Alá y Él los recordará, agradezcan sus bendiciones y les aumentará, el recuerdo de Alá es el más grande y Alá sabe todo lo que hacen.
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