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Ciertamente la dulzura de la fe en Alá tiene señales y signos que fueron evidenciados por nuestro escogido Profeta, el amado y elegido de nuestro Señor (la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Se reporta en el Sahih Muslim un hadiz de Al ‘Abbás ibn Abdul Muttálib, que Alá esté complacido con él, que escuchó al Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él), decir:
“Hay tres sentimientos que la persona que los posea saboreará la dulzura de la fe: Amar a Alá y a Su Mensajero más que a nadie, querer a alguien por la causa de Alá y odiar retornar a la incredulidad después de que Alá lo ha rescatado de ella, del mismo modo que odiaría ser arrojado en el Fuego”.
Son tres características que necesitan de hombres que se humillen y adoren al Generoso y Sublime. Una de ellas es entre tú y Alá, otra entre tú y los amados de Alá y la última entre tú y la religión de Alá y Su ley; estas tres características el creyente las tiene que buscar en su corazón en todo momento y lugar, si las encuentra en su corazón saboreará la dulzura de la fe, y si disminuyen, disminuirá la dulzura de la fe, que Alá nos proteja.
Aborrecer y temer sufrir un retroceso
Si Alá concede el éxito a la persona para establecer esta segunda característica de las características de la dulzura de la fe, es decir, el amar por la causa de Alá y aborrecer por la causa de Alá, esto dará el tercer fruto odiar retornar a la incredulidad después de que Alá lo ha rescatado de ella del mismo modo que odiaría ser arrojado en el Fuego. Tiene que aborrecer sufrir un retroceso, de ahí que cuando la fe entra al corazón del siervo y es sincero en esta fe, una de las mayores pruebas de su sinceridad es su temor a sufrir un retroceso. Por eso, siempre que veas a un joven temer sufrir un retroceso, volver sobre a sus pasos, pervertirse después de estar encaminado, esto sin duda alguna es una prueba de fe sincera; y los compañeros del Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) solían temer mucho a la hipocresía.
Algunos de los salaf (predecesores virtuosos) solían decir:
“Juro por Alá que siempre que examino mis palabras y acciones a la luz del Corán, acuso a mi persona de ser un hipócrita”.
Y dijo otro:
“Juro por Alá que siempre que examino mi persona a la luz del Corán la considero una de las más arraigadas en la hipocresía”.
El temor a sufrir un retroceso comprende dos situaciones: la primera es el temor a la incredulidad, y es lo que mencionó el Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) en el hadiz (odiar retornar a la incredulidad después de que Alá lo ha rescatado de ella, del mismo modo que odiaría ser arrojado en el Fuego), de tal manera que si le fuera dicho a un musulmán: ¿prefieres ser incrédulo o ser arrojado al Fuego?, elegiría ser arrojado al Fuego en vez de no creer en Alá, y esto es porque la fe ha llenado su corazón y se ha infiltrado en él. Le pedimos a Alá, el Grandioso, que nos permita alcanzar este nivel y que nos establezca en esta categoría, puesto que el ser humano nunca está a salvo de un mal final:
“¿Es que se sentían a salvo del designio de Alá?” (Corán 7:99).
Esta pregunta evidencia que aunque un hombre llegue a grandes niveles de piedad, nunca se siente completamente a salvo del designio de Alá, y por eso algunos sabios dijeron “Siempre que se incrementa la devoción y piedad de una persona, más grande es su temor a volver sobre sus pasos y ser de los perdedores”. Este atributo y característica es prueba de la fe del musulmán, puesto que al haber llenado su corazón y al haber saboreado su dulzura, teme su opuesto y no teme la incredulidad excepto el creyente que es sincero en su fe.
Le pedimos a Alá, El Grandioso, El Señor del Trono, El Generoso, que nos afirme sobre esta verdad hasta encontrarnos con Él, que haga que la fe que tocó nuestros corazones se incremente continuamente hasta encontrarnos con Él, y que no nos pruebe con un retroceso en Su camino.
La segunda situación es el temor a disminuir la realización de obras buenas, por eso algunos sabios dijeron “A quien Alá agracie con el rezo voluntario nocturno y el ayuno voluntario, y después empieza a disminuir y bajar su realización, tiene que esforzarse en volver al mismo nivel en el que se encontraba al principio, puesto que existe el temor de que al final vuelva sobre sus pasos y acabe siendo de los perdedores, nos refugiamos en Alá de esto”. Por eso es deber del musulmán estar siempre controlándose en cuanto a la obediencia de Alá, así pues si solía hacer algún acto bueno no tiene que abandonarlo por ningún motivo, pues Alá, (Elevado sea), prueba a la persona; con lo cual si solías rezar la oración voluntaria nocturna te pondrá algunas ocupaciones para así probarte.
Por ello, si eras sincero en tu fe y permaneciste firme en ese acto, Alá te permitirá saborear después de esa prueba la dulzura de la firmeza, de ahí que algunos sabios digan “Ciertamente cuando el hombre obedece a Alá y se acerca a Él con algún acto de bien, y luego viene Satanás con alguna tentación, tiene que saber que Alá le está examinando en ese acto en concreto”.
Toda persona que es puesta a prueba en asuntos de obediencia y se mantiene firme en ello tras la prueba, será causa para que Alá le permita seguir saboreando, en la mayoría de los casos, la dulzura de ese acto hasta el Día del Juicio.
Algunos de los salaf (predecesores virtuosos) solían decir “Luché contra mi alma en el tema de la oración durante veinte años, y ello hizo que la saboreara cuarenta años”. Veinte años, los susurros, ideas y ocupaciones de la vida mundanal presentándose ante él por todas partes, y él pacientemente confiando en la recompensa de Alá, hasta que le hizo saborear la dulzura de la oración, y con ello desaparecieron todas esas tentaciones. Por eso, el joven que está comprometido con su religión, en sus inicios le vienen tantos susurros e ideas que sólo Alá (Glorificado y Exaltado Sea), conoce.
Por tanto, si es paciente, perseverante y confía en la recompensa de Alá, desaparecerán tal como desaparece la noche con la luz del día, y a veces desaparecen en un momento sin darse cuenta, entonces su corazón llega a experimentar un deleite y obediencia a Alá (Glorificado y Exaltado Sea), muy grandes.
Sigue... El amor por la causa de Alá
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